Los impuestos tienen asociados diferentes impactos sobre la actividad productiva y la distribución del ingreso. En general, se observa que los países bien organizados optan por pocos impuestos, para que su incidencia sea lo más equilibrada posible en la producción. En ese sentido, hacen reposar la mayor parte de la recaudación en algún impuesto al consumo, como es el IVA y el impuesto a las ganancias.
La situación en la Argentina es totalmente diferente. La recaudación se genera a través de una gran cantidad de impuestos, administrados de manera superpuesta por los tres niveles de gobierno, donde la mayoría se aplica a los mismos contribuyentes, por los mismos hechos imponibles. Como agravante, se apela a impuestos distorsivos y retrógrados, como los gravámenes al trabajo, al cheque, a la ganancia mínima presunta, a los combustibles, los derechos de exportación y los impuestos a los ingresos brutos y las contribuciones municipales.
Según la consultora IDESA, la presión impositiva total en nuestro país se estima en 31% del PBI, lo cual significa que se ha alcanzado un nivel excesivo de presión tributaria.
La causa primaria de esta enorme presión es la incompetencia para administrar con razonables niveles de eficiencia el IVA y el impuesto a las ganancias. La brecha que generan los elevados niveles de evasión y elusión en estos dos impuestos, junto a una desbordante vocación por expandir el gasto público, se ha venido cubriendo con impuestos altamente distorsivos y de nula o baja coparticipación.
En este contexto, el fuerte aumento de impuestos dispuesto en la Provincia de Buenos Aires no constituye un hecho aislado, sino una consecuencia previsible de las ineficientes reglas fiscales nacionales, que lamentablemente, como advirtieron los distintos sectores de la economía bonaerense, tendrá asociado consecuencias sociales muy graves.
Si el Gobierno nacional no encara un profundo replanteo en la estrategia fiscal, especialmente en dejar de apropiarse de recursos que deberían ser coparticipados, es de esperar que el problema tienda a empeorarse, con el agravante que el resto de las provincias adopten estrategias similares a la bonaerense.
