La primera falla del populismo es mal entender el concepto de democracia participativa puesto que si bien es cierto que el pueblo puede llegar a constituirse como actor social, no tiene el "poder” de una estructura tal que sirva de reflejo a la democracia.

Un gobierno no puede ser populista como sistema porque se contradice en su propio ejercicio que deviene asimismo en sustentar un régimen administrativo que por organización necesariamente requiere de políticas públicas cuyos pilares estructurales se presentan como equivalentes en educación, justicia y solidaridad, hecho contrario a la implementación de acciones requeridas por el pueblo que desvirtúan en aplicación, falta de prudencia o desatino que conlleva el facilísimo de soluciones que no operan en el marco de la responsabilidad social.

El populismo hace hincapié en la inclusión social porque es resistente a aceptar que los procesos sociales de discriminación, conjeturan en base a la forma en que los mismos grupos se auto determinan o bien concluyen, aceptando un liderazgo conducente que impera por supuesta autoridad de mando, incompatible con la autoridad democrática representativa. Así mismo el populismo muestra una faceta de alto resentimiento social en sus líderes pues necesitan de compensaciones permanentes por cada medida que se adopte a requerimiento de la autoridad teniendo al mismo pueblo como beneficiario.

La tan mentada representatividad de clases no es tal pues surte el artificio convencional de que todo plan de acción sustenta garantías de equidad, igualdad de posibilidades, economicidad, distribución de bienes y alternativas de trabajo que no revisten en sumo una reivindicación de posibilidades, más las mismas se encuentran truncadas en el tiempo o limitadas a futuras acciones que no por acertadas responde a los reclamos del pueblo, pues las mismas de hecho ya vienen cimentadas organizacionalmente por sectores de representación laboral que ameritan la vigencia y constancia necesaria en los reclamos de políticas públicas.

La pretendida identidad popular, carece de sentido y sustento sin una propia identidad de objetivos y futuros claros en perspectiva para el ciudadano, que ve como en el tiempo se diluyen sus posibilidades de acceso a mayores medios o entornos de inserción económica, ocupacional y profesional.

Si bien es cierto que a la vista el populismo sugiere una mayor participación política esto no implica que haya una mayor participación en el gobierno, tornándose la gobernabilidad en atributo exclusivo de quienes ostentan el poder de turno los que tienden a perpetuarse por el hecho de sostener eficaces y eficientes medidas que otros no acertarían en implementar ya que por el momento democrático que se vive, no alcanzaron a ser electos.

El populismo se populariza, valga la redundancia, por distribuir bienes y servicios equitativamente y sostener una activa participación en el capital, que al momento de evaluar no es tal, interviniendo el Estado en la mayoría de las instituciones afectando la gobernabilidad. No crea un clima de seguridad en los mercados por lo que termina por intervenir en los restantes poderes.

No se debe confundir populismo con soberanía popular. El primero ideológicamente sostiene reivindicar el rol del Estado defendiendo los interese de la nación, pero a largo plazo lesionan la sociedad. La segunda da el poder al pueblo quien delega el mismo a sus gobernantes a título de cargo público.

(*) Pedagogo, Filósofo. Prof. en Educación Cívica y Formación ética y ciudadana. Orientador escolar.