El gobierno propuso hace unas semanas un pacto para el buen uso de las redes sociales que encendió rápidamente una nueva polémica en la opinión pública. Sin embargo, hay otros desafíos con Internet quizás más preocupantes de lo que inquieta a algunos funcionarios. Sabemos lo mucho que han contribuido estas redes para facilitar las comunicaciones entre las personas y soy un convencido de lo beneficiosa que es la tecnología cuando las organizaciones, empresas o el mismo Estado, además de buscar eficiencia y disminución de costos, la piensan, diseñan y aplican para ayudar a las personas y hacerles la vida más cómoda y placentera.
Felizmente, hay una gran cantidad de trámites que se pueden hacer directamente desde nuestro celular y sin necesidad de asistir a ningún lugar, ni soportar largas colas o esperar varias horas para resolver muchos temas que, hasta hace pocos años, requerían quitarle demasiado tiempo a nuestras vidas. No cabe duda que esto, junto con la mejora de las comunicaciones que permiten las redes sociales, es muy bueno para las personas y para la sociedad. Así, por ejemplo solicitar turnos, autorizaciones, operar con nuestras cuentas bancarias, realizar varios trámites frente a empresas privadas u organismos estatales, comprar pasajes, reservar hoteles, alquilar automóviles, comprar casi cualquier cosa, hacer el seguimiento de encomiendas, hacer trámites en PAMI o la obra social, tener el registro de conducir, la documentación del auto y el DNI en el celular y tantas otras cosas más, son una pequeña muestra de lo extendido que está en la actualidad la digitalización de nuestras actividades cotidianas.
Complejidad en aplicaciones
Es verdad que se hace necesario una estrategia para poder recordar tantas diferentes aplicaciones con distintas lógicas, claves y tokens y demás previsiones de ingreso y no cabe duda que todos hemos necesitado cierto entrenamiento para entender y descubrir en muchas ocasiones por dónde hay que ingresar, cuál es la opción que tengo que elegir y qué hacer cuando lo que busco no lo encuentro, sobre todo cuando ingreso por primera vez. Ni que hablar cuando en las opciones que tengo que elegir no se encuentra la que yo específicamente necesito.
Si bien, casi todas las organizaciones por la conversión digital que impone este tiempo de cambios, intentan simplificar todo lo posible estás aplicaciones "online", muchas no llegan a lograrlo y convierten su operación en verdaderos laberintos capaces de desubicar al más intrépido usuario. Algunos se refieren a este fenómeno como "violencia tecnológica" por no contemplar la problemática que le genera a muchas personas, vulnerables.
El gobierno generó un fervoroso debate en la opinión pública la propuesta de este pacto para el buen uso de las redes sociales, aclarando que es "para que dejen de intoxicar el espíritu de nuestra democracia", pero a pesar de la gravedad, no hay propuestas para eliminar está violencia tecnológica de nuestra creciente vida "online".
Por eso, nos preguntamos: ¿Tiene conciencia el gobierno, las empresas y los organismos públicos de este problema? ¿Deberían definirse normativas para este tipo de prácticas? ¿Cuáles? ¿Cuándo? ¿Qué podemos hacer para mejorarlo? ¿Cómo sobrevivir en un mundo cada vez más "online".
Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación
del Espacio Excelencia y de la Maestría en
Nuevas Tecnologías (UCCuyo)
