Mucho tiempo ha transcurrido desde aquel 6 de agosto de 1883, cuando se comenzó a estudiar las ciencias del campo. En ese momento, en la Estancia Santa Catalina en Lomas de Zamora, Buenos Aires, comenzaron los primeros estudios superiores sobre ciencias veterinarias. Muchos años luego en 1959 fue instituido como el Día de la Enseñanza Agropecuaria. En tanto que en San Juan las pioneras en estos estudios fueron las escuelas agrotécnicas, sin olvidar la Escuela de Fruticultura y Enología y actualmente la carrera de Ingeniería Agronómica de la UNSJ.

Quiero contarles mi experiencia personal en estos estudios. Por aquel 1974 mi madre me preguntó si quería estudiar en la Escuela Agrotécnica de Pocito, luego de salir de séptimo grado. La verdad es que en esa mente de niño solo podía concentrarme en jugar con volantines, trompos y balitas. Nunca imaginé la gran aventura que comenzaba a recorrer cuando le dije que sí quería hacerlo. Luego de estudiar durante tres años cerca de casa, mi escuela fue cerrada. Junto a un grupo de compañeros y por decisión de nuestros padres seguimos los estudios en Media Agua, Sarmiento, a 50 km de casa. Ahí encontré buena acogida de jóvenes que puedo recordar con cariño: la Jandri, la Flaca Mollá, la Koki, el Ganzo, el Tatú, el Negro, el flaco Alcaniz y profesores como el Piky Doblas, fallecido pero recordado con mucho cariño por todos, el Profesor Trincado y Tascharet, el preceptor Menéndez, y muchos más que peco de no mencionar para no caer en la emoción de la añoranza. Allí egresé, y hoy,allí cumplo con mi trabajo docente siempre bregando en renovar conocimientos e intentar encontrar en los ojitos de mis alumnos aquellos ojitos del pibe pocitano que se asombraba con aquel mundo mediagüino distinto al que dejaba atrás.

"La educación es el único camino para superarse", siempre lo dicen muchos funcionarios, políticos y pedagogos.

Para mí, que he intentado siempre explicar qué es la educación técnica agropecuaria, digo que ésta no tiende a cultivar pasivamente el intelecto, todo lo contrario lo invita a construir su espíritu. Esto no tiene nada que ver con lo religioso o místico porque embarrarse, sembrar, cosechar, ayudar a bien parir un animal, hacer dulce, todo en conjunto con otros es un hecho fáctico, es un descubrir complejo que supera la conceptual educación tradicional. Mucho mejor lo expresa Jean Piagget: "Al enseñar algo a un niño le estamos quitando la oportunidad de descubrirlo". Es por eso que este tipo de educación se basa en investigar, por eso es dinámica, por eso se construye y se reconstruye permanentemente, por eso nace y renace a diario, por eso nunca puede ser igual, por eso siempre debe ser diferente según el lugar y el entorno social.

Todo eso y más es la educación agropecuaria. Ni más ni menos que aquella educación que se relaciona directamente con el medio natural. Ellos y nosotros aprendemos a producir y a producirnos, lo que en definitiva intenta es hacer naturalmente mejores seres humanos.
 

Osvaldo Olmos Gómez – Técnico agropecuario. Docente