Vivimos en una época de profundas transformaciones, en que todo necesita ser repensado, en que las formas del pasado ya no nos bastan para pensar y actuar. Es decir, ya no nos son útiles para conseguir los resultados que nos proponemos, en un momento en el cual el campo del conocimiento, inicia un despliegue vertiginoso y las autopistas de la información, anuncian creación de diferentes "portales educativos” y la educación se impone como una prioridad. No es habitual, preparar a los alumnos para establecer conexiones significativas entre los diversos conocimientos adquiridos, ni entre las distintas áreas del saber. Sí, se observa con frecuencia, cómo se priorizan algunos espacios curriculares por sobre otros y cómo se establece la polarización entre disciplinas "para hacer” y "para pensar”. Frente a esta desarticulación entre la cultura de las humanidades, el arte, y la cultura científica, es necesario, promover un cambio del pensamiento, modificando posiciones tan rígidas por otras realmente más integradoras.

En la mayoría de los casos, los alumnos no saben qué utilidad le presta cada una de las áreas y disciplinas del currículo. Cada hora de la jornada escolar, a pesar de estar planificada respetando una secuencia, aparecen como conceptos aislados y desarticulados entre sí. Muy pocas veces, los alumnos pueden articular un área con otra o contenidos. La fragmentación de los distintos saberes ha sido la característica principal del sistema educativo. De esta manera, se evalúa en primer lugar lengua, matemática, luego ciencias, pero casi nunca, se planifica utilizando lenguajes artísticos como eje articulador de las actividades corporales, conociendo que los aprendizajes son el propio cuerpo. No siempre se trabaja donde cada una de las áreas tuvieran el mismo protagonismo, igual peso, idéntico compromiso pedagógico. Es posible también que la capacitación para el desarrollo profesional del docente, no es lo suficiente para enriquecer las prácticas docentes y así pensar con una mirada más amplia, diversa, global, totalizadora, desde metodologías menos rígidas y más inclusivas. Si el docente pone todo de sí, y no aporta desde su especialidad, y se interesa para conocer los enfoques de las otras disciplinas involucradas, no habrían alumnos imposibilitados para conectar entre sí, los conocimientos adquiridos. Desde cada área y unidas todas, los alumnos aprenderían desde una globalización y desde ese horizonte de totalidad.

La clave está en poner énfasis en la formación docente, capacitación del desarrollo profesional, para que así, pueda transformarse en un grato salto innovador y en un horizonte de totalidad.

Enseñar a pensar, es complejo y seguro tiene poco que ver con la información y opinión. Todos argumentamos, clasificamos, elaboramos hipótesis usamos analogías. Pero esto no indica que lo hagamos correctamente sin o con el estímulo de entrenamiento formal y sistemático. Pero no todos, llegamos a las mismas conclusiones, no tenemos el mismo discernimiento ni creatividad de la misma manera. Debemos enseñar a pensar en el más amplio sentido.

Hoy, ya se está elaborando el proyecto de la "Ley Provincial de Educación” dentro del marco de la "Ley Nacional de Educación”, seguramente, los cambios serán favorables para que el alumno desarrolle todas las capacidades de la persona y su formación.

(*) Licenciada en Letras. Escritora y Productora del programa Botica Educativa-LV5 Radio Sarmiento.