A fines de junio pasado hemos tenido la alegría de iniciar la Cátedra Abierta "Pensamiento Pontificio”, que asumirá el nombre de cada pastor supremo que la Providencia envíe para guiar al Pueblo de Dios. La iniciamos en el "Eloy Camus”, viendo un film documental que recorre la vida, los gestos y la palabra de Jorge Bergoglio. Comentó dicho film, su mismo director, Juan Martín Ezratti, quien viajó a nuestra provincia para tal ocasión.
¿Por qué investigar su Magisterio? ¿Por qué adentrarnos en su pensamiento espiritual, social, económico, político? Porque la Universidad Católica somos una comunidad que incluye las Enseñanzas del Papa en la búsqueda de la verdad y porque además Francisco posee dones que conviene explicitar y es un líder mundial hoy indiscutido.
Es un Papa argentino y latinoamericano. El 67 % del catolicismo mundial vive en los tres continentes del sur del mundo: África, América latina y Asia. En torno al 23 % vive en Europa y el 40 % vive en América latina. El castellano es la lengua más hablada hoy en el catolicismo, la segunda de Occidente y la cuarta del mundo.
En su unidad plural, América latina es la región más homogénea del mundo y a pesar de guerras fronterizas y de formas varias de violencia, aún es zona política con ausencia de grandes guerras. América latina es la región más urbanizada, pues 8 de cada 10 habitantes vivimos en zonas urbanas y suburbanas. Nuestra iglesia católica es la única institución presente en todo el espacio y todo el tiempo en estas tierras desde 1492.
El Documento de Aparecida (Brazil 2008), del cual el entonces cardenal Bergoglio fue destacado redactor, ha expresado el "rostro latinoamericano y caribeño” de su Iglesia. Francisco nos muestra que la Misión es tarea de todos los bautizados -pastores, religiosos, laicos- pero ello implica una actitud anterior: hemos de ser auténticos discípulos del Señor. No hay misión sin antes discipulado. Sólo así podremos transmitir los sentimientos del corazón de Jesús. Sólo así podremos animarnos a soñar con un mundo más fraterno y sin exclusión.
Francisco es un Papa que asume lo mejor del carisma de sus predecesores: el espíritu profético de Juan XXIII, el discernimiento prudencial de Pablo VI, la alegre sonrisa de Juan Pablo I, la santa comunicación personal y popular de Jun Pablo II, la profundidad reflexiva de Benedicto XVI. Como un fruto maduro estacionado por el tiempo.
Hay que escuchar a Francisco. Hay que leer su carta programática "La Alegría del Evangelio”; meditar su breves pero profundas homilías diarias de la capilla de su casa, Santa Marta. Leerlo, comentarlo, divulgarlo. Será un aire fresco que anticipa primavera.
(*) Párroco de Nuestra Señora de Tulum y Director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Cuyo.
