Es conocido que la delincuencia no tiene límites a la hora de fijar objetivos y elegir a sus víctimas. Una modalidad cada vez más frecuente es la de engañar a las personas mayores a fin de despojarlas de su dinero o bienes personales. En el transcurso de las dos últimas semanas, la crónica policial ha difundido casos de personas de edad, preferentemente mujeres, que en su condición de madres han caído fácilmente en una especie de "cuento del tío”.

El modus operandi consiste en llamar por teléfono a la casa paterna y decirle a los padres -en particular a las madres- que su hijo o hija tiene un inconveniente, que puede ser de salud, un accidente o de cualquier otra índole. En base a ésto les piden dinero urgente para superar el transe. La madre desesperada solicita mayor información y la forma de hacerle llegar la ayuda, la que siempre consiste en llevar todo el dinero o joyas a una dirección que generalmente es en los suburbios y muy lejos de su domicilio. El bloqueo de las comunicaciones es inmediato, a fin de evitar el contacto con familiares, amigos o la policía. Una vez en el lugar indicado se presenta una persona y con otro ardid similar la despojan del dinero. Al cabo de un rato la damnificada se da cuenta de lo sucedido, al comprobar que sus hijos están bien y que nunca han estado en una situación complicada.
Si bien hubo varias denuncias, se conoce que los casos son mucho más de los planteados y que detrás de todo esto hay una banda bien organizada que está operando desde la clandestinidad.

Es deber de la policía investigar y dar con los delincuentes antes de que sigan perjudicando a mucha gente, no solo desde el aspecto económico sino haciéndola correr graves riesgos, en los que está en juego su vida.