La nota del periodista Diego Cabot, puso en debate una realidad que, si bien no es nueva, preocupa por su persistencia: el Estado sigue siendo el sector elegido por nuestros jóvenes para trabajar (https://www.lanacion.com.ar/economia/mi-hijo-el-empleado-publico-seis-de-cada-10-argentinos-prefieren-trabajarn-el-estado-nid23092021/)

Efectivamente, 6 de cada 10 argentinos de 18 a 29 años, prefieren trabajar en el sector público. El dato surge de la investigación llevada a cabo por el Centro de Estudios en Comunicación Aplicada (Cecap) de la Universidad Austral (https://www.austral.edu.ar/posgrados-comunicacion/cecap/?p=297)

Los datos abren varias ventanas para explorar. Una de ellas es sí esta preferencia se repite durante la educación universitaria. Avancemos en este punto.

 

  • Estado, emprendedurismo y universidad

En la Universidad, los datos no son muy distintos. Al menos así lo muestra una pequeña encuesta que realicé a través de google forms a alumnos que cursan en distintas universidades de la provincia. De 414 encuestados, el 62,3% eligió trabajar en el Estado: Números realmente llamativos que plantean fuertes desafíos a las universidades. 

La Universidad, en general, navega entre dos orillas. Entre un lugar (topía, en griego y un "no” lugar (utopía). O mejor dicho entre el sistema normativo y los ideales. Aunque en realidad, no son miradas necesariamente antagónicas. Los marcos normativos dan seguridad para ese viaje proyectivo que suele plasmarse en la visión de toda universidad. Dónde esté puesto el énfasis definirá sí estamos frente a una universidad aferrada al sistema y a las normas, o una universidad con una clara función utópica de cambio y transformación. Tal vez el desafío sea lograr mayores equilibrios. 

Recordemos además que la universidad, de gestión estatal o privada, es el lugar donde la persona aprende a pensar, a proyectarse y decidir libremente. Por eso, lejos de reducirse a un ámbito donde el estudiante se convierte en depósito de conocimientos, la universidad es el lugar donde se forma a la persona integralmente, con un fuerte compromiso de cara a la sociedad. Su función trasciende la formación técnico-profesional. Precisamente uno de los grandes retos de la universidad es trazar puentes entre la formación y el mundo laboral y social. 

El siglo XXI, con sus luces y sombras ha marcado cambios dinámicos en todos los ámbitos de la vida humana. Los medios de comunicación, los nuevos lenguajes de la tecnología de la información, han cumplido un rol decisivo en todo este proceso. Y la Universidad debe dar respuestas a estos nuevos escenarios con creatividad y capacidad para adaptarse a los cambios. Una universidad que responda a nuevos paradigmas educativos y sociales. Ya no alcanza con formar profesionales expertos en cada área del saber. Se necesita preparar liderazgos visionarios, audaces, propositivos y éticos. Profesionales que puedan vencer la inercia de lo seguro. En ese sentido, "Aprender a emprender” parece ser el camino ineludible de las universidades que optan por no quedar ancladas en el lugar de la seguridad y del no cambio.

 

Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo