Uno de los temas profundos que tiene el hombre para analizar es su relación con el tiempo, desde el pragmatismo de la vida cotidiana hasta la filosofía, campo -además- en el que aparecen infinitos y complicados conceptos. Y, en la vida actual cuando todo se acelera, se asocia al tiempo con el vértigo. Vértigo que confunde y genera espejismos en el ser humano, espejismos que tergiversan distintos aspectos de la vida.

Esa afirmación lleva a suponer que hay que emplear bien el tiempo para asegurar el éxito de una empresa, sea cual fuere la naturaleza, y para enriquecer la formación de la personalidad de los niños y adolescentes que parecen vivir todo anticipadamente por el uso de las más diversas y atractivas tecnologías. Sin embargo hay sorpresas que se encuentran en la base misma de la vida.

¿Sabe usted cuál es el tiempo útil de un alumno en el aula?… un alumno atiende 12 minutos cada 60, lo cual hace que durante los 180 días de clase que marca el calendario escolar el tiempo de atención sea de 9.33 horas por año.

Este es el resultado de un trabajo de campo que la institución Tiempo de Atención Util ha realizado en la Capital Federal, provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y San Luis.

Las mediciones se hacen en las aulas, reloj en mano, de acuerdo con las indicaciones que el neurobiólogo doctor Osvaldo Panza Doliani -titular de la referida institución- da a sus alumnos de Formación Pedagógica en distintas universidades. El, precisamente, nos dijo al respecto que esa forma de emplear el tiempo útil incrementa la cultura de la ignorancia o -dicho de otra manera- forma ignorantes.

Si participamos del concepto que atender es tener en cuenta o en consideración algo o mirar por alguien o algo, o cuidar de él o de ello, nos encontramos ante un panorama cultural paupérrimo. Un panorama generador de seres que tendrán inconvenientes para

compartir las mejores cosas de la vida, aquellas que nacen de los sentimientos y del conocimiento.

Y, si tenemos en cuenta que el tiempo -según la Real Academia Española- es la magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro (su unidad en el Sistema Internacional es el segundo) advertiremos que el contenido del tiempo es el eje de valoración de la vida. De una valoración que abrirá los más preciados portales de la experiencia.

Hay una verdad básica que destacar, un ser humano puede recuperar su salud, su fortuna, sus afectos pero no el tiempo que ha perdido o malgastado. Esta es una realidad que tenemos incorporada los adultos y que -lamentablemente- es difícil hacerla comprender a los chicos.

Y cuando esta verdad no se asimila así, no se generan situaciones que estimulen al ser humano hacia pasajes más interesantes de la vida. Por ello, la vida de un gran número de personas transcurre al margen de la significación y ello hace que no tengan sentido ni las expresiones vivenciales ni los conceptos que estructuran el aprendizaje.

Y, ello tiende a configurar una sociedad sin ejes rectores, grupos humanos dedicados sólo a cumplir con las funciones básicas del hombre: comer, trabajar, descansar y algún entretenimiento.

El hombre es mucho más que eso, es un ser que tiene una compleja integralidad. Es el que produce la excelencia de una obra, desde el constructor al artista, desde el sembrador de semillas al pensador. No importan los nombres y apellidos aunque la historia esta llena de ellos, importa el aporte de calidad a su propio trabajo.

Esto lo confirmó el famoso psiquiatra suizo Carl G. Jung en la siguiente confesión: "El encuentro con hombres de los tipos más dispares y del más diverso nivel psicológico fue para mi de una importancia mucho mayor que una conversación fragmentaria con una eminencia. Las conversaciones más bellas y ricas de mi vida en consecuencia, son anónimas". (Del libro Recuerdos, sueños, pensamientos)

En momentos en que en nuestra comunidad se padecen desaveniencias por falta de atención, diálogo o comprensión, es bueno volver a estos significados para no dar lugar a la indiferencia que aplasta el ritmo de personas y o instituciones.

Al escribir ésto, apareció varias veces la necesidad de una participación cívica más extendida. No tiene que ver con partidismos políticos sino con el demostrar interés por lo que está sucediendo más allá de la crítica tan poco tenida en cuenta en estos momentos.

Es un tipo de reto al individualismo argentino, un individualismo que no elegimos sino que heredamos pero que los cambios que se operan constantemente terminan por inutilizarlos. Si el interés colectivo se extiende, el individualismo perderá terreno naturalmente.