Los recientes comicios regionales en 14 de los 31 estados de México reflejan la violencia que se vive a diario. Entre las balas y el miedo, más de 30 millones de votantes eligieron a unos 2000 cargos públicos, triunfando el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que monopolizó el poder entre 1929 y 2000, cuando triunfó Vicente Fox. Ahora es la primera fuerza política parlamentaria, gobierna en más de la mitad de los Estados, y uno de sus precandidatos presidenciales, Enrique Peña Nieto, encabeza todas las encuestas.

El crimen organizado decidió tomar parte directa en los comicios, al asesinar al candidato priísta en Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú. Los Zetas, que le disputan el control de la zona del cártel del Golfo podrían estar detrás del atentado. En total, 31 candidatos o familiares directos han sido ejecutados en los últimos tres meses. Lejos de unir a los políticos, el asesinato de Torre Cantú ensanchó aún más la discordia. El PRI no le perdona al gubernamental Partido Acción Nacional que rompiera el compromiso de no buscar alianzas con otras fuerzas para arrebatarles el dominio regional. Al contrario, el mapa electoral mexicano es un rompecabezas donde los partidos son aliados en unas regiones y rivales en otras. El equilibrio político y social que durante siete décadas supo mantener el PRI incluía también al crimen organizado. Ese sutil y macabro "statu quo” se vio roto con la transición política, el mayor control de la frontera desde el lado estadounidense y la guerra del narcotráfico emprendida por Felipe Calderón. Hoy, los cárteles se disputan a tiros cada metro de territorio e involucran a la política con miras a las elecciones presidenciales de 2012.