Mucho se habla de las próximas elecciones legislativas, del oficialismo y de la oposición, del debate sobre el país que queremos y como debemos enfrentar la crisis financiera mundial, de cómo debemos aportar y comprometernos para construir una Argentina integradora, creciente y con desarrollo.
El debate se plantea tal vez con el tiempo acotado por el adelantamiento de las elecciones, fruto de una decisión errónea que pretende disminuir la importancia de la discusión de ideas.
Nada más importante en democracia es que el pueblo se exprese, por lo que creo imprescindible que debemos aprovechar en el marco de estas elecciones legislativas, proponernos recuperar la política, y con ella los hombres y mujeres que pretenden servir en la construcción del San Juan que viene y la Argentina que viene, con tolerancia, diálogo y respeto.
Recuperar la política, también significa darle la oportunidad a los buenos políticos, que entre otras cualidades debieran tener control de sus impulsos, mantener la serenidad ante situaciones críticas y actuar siempre con objetividad.
Una característica primordial que deberían tener nuestros dirigentes es la capacidad de iniciativa, de pensar en el futuro, de promover innovaciones, tomar decisiones acertadas, resolver conflictos, inspirar confianza.
Debiéramos votar a políticos que actúen con optimismo, encontrando el lado positivo de todas las situaciones. El optimismo va de la mano con una actitud positiva que se traduce en alegría, gentileza y amabilidad para con los demás. Un político déspota y pesimista nunca será un buen político.
Es el tiempo de dirigentes que sean consecuentes en su acción, discretos y justos en su accionar. Un buen político también debe tener don de mando, saber decidir basado en la razón, la justicia y la equidad.
Un buen político aprende a trabajar en equipo, fomenta la convivencia, reconoce y premia el esfuerzo particular. Un buen político escucha, impulsa, educa y aprende continuamente. Reconoce deficiencias y aprende de los demás. Está abierto a la crítica y reorienta sus acciones. Un buen político mira el futuro y no pierde su mirada en el pasado.
