En la sexta elección general, desde la recuperación de la democracia en 1985, el electorado brasileño votará por la alternancia del poder, tras dos exitosos períodos de Luiz Inacio Lula da Silva quien mantiene un extraordinario 85% de aprobación popular. Sin embargo, Lula no ha buscado argucias legales para seguir, respetando el dictado constitucional.

Tampoco espera algún cargo y asegura que no influirá en Dilma Rousseff, la candidata a sucederlo, aunque deja abierta la posibilidad de retornar en 2014, según afirmó. "Un ex presidente debe replegarse a algún lugar confortable y tranquilo, no estar dando consejos sobre política, dejando que quien sea electo gobierne el país, y cometa errores y aciertos" dijo en un mensaje subliminal dirigido a quienes transitaron esa etapa.

Lula da Silva es el artífice del enorme desarrollo de Brasil, o la potencia emergente, como se observa en el mundo. Reconoce que la cancelación de la deuda externa fue decisiva en su tarea transformadora. Dice que jamás lo hubiese conseguido sin la "liberación" del FMI porque promovió enormes inversiones. La agricultura y la industria baten récords diarios y alcanzan liderazgos mundiales, mientras Brasil ya es país petrolero.

En los últimos 25 años, Brasil invertía mil millones de reales por año en infraestructura, ahora invierte 1600 millones mensuales en un contexto público y privado ha generado el mayor ingreso salarial de todos los tiempos, la menor tasa de desempleo, y 84% de aumento en el salario mínimo.

Pero queda mucho por hacer en cuanto a seguridad, educación y desigualdades sociales. Lula confía en que quien lo suceda encontrará un país en condiciones de continuar su obra admirable.