Los ciudadanos de la República Checa elegirán hoy, por primera vez en la historia del país al nuevo presidente, sustituyendo al anterior régimen electoral indirecto y seriamente cuestionado, como el que llevó al poder al actual mandatario Vaclav Klaus de clara oposición a la eurozona. En esta joven república la democracia es controvertida, propia de una organización que buscando los checos a través de una historia carente de garantías constitucionales en momentos de la dominación soviética y posteriormente tras una identidad en un período traumático que los 8,5 millones de votantes habilitados para sufragar hoy y mañana, en la primera vuelta, buscan olvidar.

Los contendientes con más opciones, son los exprimeros ministros Milos Zeman y Jan Fischer, con una intención de voto del 25% y 20%, respectivamente. La segunda vuelta está prevista para el 25 y 26 del presente mes y, como toda nación alcanzada por la crisis económica regional, plantea al futuro presidente desafíos que van desde la implementación de un programa para salir de la crisis y del endeudamiento, para aplicar el modelo social sueco de alta progresividad fiscal. Asimismo, en la República Checa urgen inversiones en educación y sanidad y planes concretos para achicar la administración pública, racionalizar los subsidios sociales y penalizar con más tasas a los universitarios repetidores, según los proyectos que dominaron los debates televisivos de los principales candidatos al centro del poder.

La refundación de la democracia checa suma ahora el sistema de elección directa del presidente de la república, con apoyos y críticas, según las posiciones políticas que son variadas y conflictivas en un país que quede mucho por hacer.