Hoy, se vota. San Juan volverá a elegir sus gobernantes y las miradas estarán puestas, entrada la noche, en lo que dicen las pizarras sobre los guarismos de cada candidato.

 

Hoy es el día donde el pueblo celebra la máxima expresión de la democracia. Hoy, se vota. San Juan volverá a elegir sus gobernantes y las miradas estarán puestas, entrada la noche, en lo que dicen las pizarras sobre los guarismos de cada candidato. Atrás quedarán las luchas internas y la puja entre partidos por ganarse la adhesión de los ciudadanos. 

Pero esta semana que ha pasado, quedará para la historia por cómo se dio la definición de las candidaturas en el orden nacional. Oficialistas y opositoras. También, por la elección del domingo pasado en Córdoba, donde uno de los hechos más notorios, aparte del triunfo de la lista del oficialismo, fue el volumen del voto en blanco y del ausentismo, que fue récord en la provincia mediterránea. Casi el cuarenta por ciento no fue a sufragar, o lo hizo en blanco. Tendencia que fue el eje de nuestro comentario del domingo pasado. 

Ya se venía notando en los actos eleccionarios de otras provincias, previos al de Córdoba, que la ciudadanía estaba expresando así su descontento con la actual dirigencia política. Esto revela que no hemos crecido en calidad democrática, e hicimos un parangón con los comicios fraudulentos que fueron moneda corriente en el siglo diecinueve. Estos se interrumpieron con la sanción de la Ley Sáenz Peña, de voto secreto y obligatorio. Pero luego del golpe del 30, volvió el fraude durante la conocida como "década infame", esta vez llamado "fraude patriótico", por el cual se favorecían candidatos "aptos" para la buena salud del país, porque, supuestamente, no caerían en la demagogia y populismo.

Hoy, a la distancia, esto es un contrasentido, y desde la elección de 1945, que llevó a la primera presidencia de Perón, no volvió a hablarse de fraude. Pero aparecieron otras artimañas, que los candidatos usarían sin que los contuviese un mínimo sentido ético, de lo razonable, lo correcto, es decir de respeto por las normas de convivencia democrática. 

Es de esperar que el ciudadano concurra a las urnas y termine con esta racha de voluminosas ausencias y votos en blanco.

Juntos por el Cambio

En Juntos por el Cambio, ambos adversarios, Rodríguez Larreta y Bullrich, se han "sacado la máscara" y ya cruzan golpes a cara descubierta, para asombro de quienes deben decidir si los votan, o no.

Se nota en Larreta virulencia, y lanzando sopapos "al revoleo", propio de quien olfatea que está perdiendo el combate. Decir que Bullrich encarna las mismas ideas económicas que "nos llevaron al fracaso" durante el gobierno de Macri, es romper dramáticamente con el creador del Pro, y desafiarlo con un tácito "date cuenta, soy tu enemigo". ¿Quiere decir que los más de 20 años trabajando juntos, fue una mentira? ¿Qué pueden pensar sus votantes?

"El que se calienta pierde", dice un refrán popular, y eso, al parecer, el "presidenciable" Larreta lo desconoce.

Otro desliz, fue el de intentar atraer al peronista Schiaretti a su bando, cuando uno de los propios, Luis Juez, trataba en Córdoba de despojarlo del poder. Ya se sabe lo que pasó. Perdió Juez por 3 puntos y ¿quién le quita el derecho a pensar que no fue por la fallida jugada de Larreta?

Dice Larreta que lo hizo para agrandar el espacio. Pero no midió que achicaba el del radical cordobés. Un infantilismo táctico que a los ojos del votante puede descalificarlo en sus aspiraciones, nada menos que a ser presidente.

La Bullrich, sabiéndose atacada con armas innobles, traicioneras, no tardó en adjetivarlo de la peor manera. "Es un ventajero total y un oportunista, que hace cualquier cosa por un voto". Huelgan los comentarios. Larreta parece desconocer que en el tablero de ajedrez, las negras también juegan, y que si él ataca, debe analizar que el adversario va a tratar de neutralizarlo y gritarle "jaque" cuando menos lo piense.

 Unidos por la Patria 

En Unidos por la Patria, Cristina ratificó su liderazgo y definió una fórmula que dejó gente muy contenta, pero varios heridos. Habíamos señalado que en su última plaza, el 25 de mayo, hizo exactamente lo contrario a Perón, en lo que fue a su vez, el 25 de mayo de 1974, su última plaza. En ella, Perón echó de la misma a "esos imberbes" que gritan, y se recostó en lo que fue, y es, el peronismo tradicional: la pata sindical y la de los gobernadores. Cristina, al contrario, no invitó a su plaza a ningún gobernador, ni a la CGT, y bendijo a los "hijos de la generación diezmada", como sus legítimos herederos. 

Wado de Pedro, hijo de desaparecidos, es decir de aquellos "imberbes", fue el elegido. Pero no midió, como Larreta, que las "negras también juegan" y a las horas lo tuvo sentado a Sergio Massa advirtiéndole algunas cosas. 

Algunos sostienen que la extorsionó con la amenaza de su renuncia inmediata. Todo volaría por los aires. O sea, le cantó "jaque". Además, representantes de la Liga de Gobernadores le hicieron saber su disconformidad con De Pedro, y preferencias por que siga Massa. 

Los gobernadores, es lógico, son celosos custodios de sus cuentas, de su territorio, y no son de prenderse en aventuras ideológicas. A la hora de los números, suelen ser conservadores y ortodoxos. La guerra de las internas.

Así y todo, es de esperar que el ciudadano concurra a las urnas y termine con esta racha de voluminosas ausencias y votos en blanco. Será un modo de alertar a una clase política que banaliza las elecciones y no toma en cuenta que hay un pueblo que mira, analiza y juzga. El ciudadano debe utilizar su mayor, y única, herramienta de poder: el voto.