La materia gris en la vida de los pueblos significó siempre un rasgo sobresaliente y distintivo en momentos terribles con difíciles encrucijadas, porque de su cultivo se orientó el sendero, muchas veces, con exquisita clarividencia. Pero de nada sirve dispersa cuando se trata de la comunidad en la nación, porque le dificulta al Estado el cumplimiento de su eminente rol. Ese rol que debe valorarse en su justa dimensión, es siempre trascendente, porque el futuro tiene avidez por resolverse en las consecuencias de sus actos contemporáneos. Es decir, sus actos -los del Estado- recaerán ineludiblemente en las sociedades postreras, cuyos moldes y elementos culturales caerán sobre nuevos espíritus, para que de su impronta dinamizadora de nuevas realidades elaboren sus ideas y edifiquen sus destinos.

Los gobiernos suelen pasar por alto el "’acopio de materia gris+, tarea necesaria y relevante en todo momento en la vida de una nación. Acopiar, en el marco del sentido y orientación que debe darse al bien común, significa integrar y mancomunar la llamada fuerza o materia pensante, en debate y estado de alerta permanente, con las distintas posturas en hipótesis, tesis, teorías, conclusiones, diagnósticos diferentes, encaminadas a alumbrar la vida de las comunidades. Acopiar es reunir en congreso constante a esos intelectuales que se diferencian de quienes no lo somos aunque también pensamos. Ellos saben simplificar y hacer entendible la trama que fluye del tejido de neuronas, elaborando conceptos y definiciones que facilitan el camino que abre juicios con probabilidades de dar en el blanco para, en definitiva, como valor supremo, hacer posible y viable la justicia entre los hombres y en relación con las instituciones que él mismo crea y hereda. Acopiar es juntar, reunir, amalgamar e integrar también en medio de la diversidad. Si bien es tarea del Estado, son responsables los gobiernos de turno y sus comunidades porque esta epopeya no se realiza sola y requiere del concurso organizado del pueblo. Necesita de una conducción que convoque primero, que fije las pautas tácticas y estratégicas, para que con la capacidad y autoridad necesaria y suficiente, ensamble luego, esa conducción, el perfil de todos en uno solo.

El intelectual no es mejor que los demás seres humanos, es diferente. Tiene condiciones para dedicarse al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad. Por eso es importante su aporte magnánimo. Con acierto se ha dicho que "’comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando un estatus de autoridad ante la opinión pública”. Existe una convocatoria pendiente de la década del 70 del siglo XX que debe ponerse en marcha hoy, como objetivo preeminente que no sólo debe darse en nuestro país, sino en el mundo entero que soporta una gravísima crisis de valores que, consecuentemente, le impide enfrentar con idoneidad las tremendas y sucesivas crisis políticas, económicas y del extremadamente frívolo y materializado mundo financiero con capacidad de destruirlo todo, excepto sus bien cimentadas arcas.

Aunque se han abierto muchas puertas, Argentina necesita hoy, más que nunca, de toda su capacidad de inventiva e inteligencia para abrirse desde su propia bondad al análisis fecundo sobre un universo que será diametralmente opuesto y diferente en tan sólo una década, por el avance técnico-científico y por las cuestiones fenoménicas que anticipan un cambio global del que no podemos desentendernos ni en la prevención, ni en la previsión, ni en cálculos que son matemáticos en la proyección de los sistemas. Por supuesto, de la mano de una visión política integradora de una realidad anunciada.

Quienes no lo entiendan de este modo, quedarán excluidos de la construcción inmediata del globo terráqueo, donde la vida tiene fundamentalmente al ser pensante como principal sujeto productor de la historia, que encontrará errante su paso si en esta magna crisis de valores no contempla la necesidad imperiosa de reconstruir al propio hombre.

Nuestra materia gris tiene una ardua labor. Hoy la necesitamos generosa y en acto.