La dimensión histórica del último viaje del Papa Francisco, no tiene paralelo con otras visitas evangélicas-pastorales anteriores, incluyendo a sus antecesores. El encuentro de Francisco a principios de febrero con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa Kirill es un hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia.
Para recordar la temática, en el año 1054 -Edad Media- las llamadas Iglesias Ortodoxas consintieron las resoluciones de los siete primeros concilios ecuménicos, siguiendo lo que se denomina ‘la recta doctrina’. En 1054 se quebraron las relaciones con la Iglesia Romana. Estas se llaman así mismas como la Iglesia de Oriente, su número aproximado de creyentes es de 130 millones de almas, la mitad de ellos viven en territorios de la ex Unión Soviética. El encuentro enciende una nueva esperanza en un mundo convulsionado, marcando, como se ha dicho, una nueva época en los vínculos de ambas iglesias, buscando la unidad del mundo cristiano.
En cuanto el viaje del Papa a México, un país atestado de violencia, producto principalmente del narcotráfico, no es algo nuevo en el estilo intrépido y generoso de Francisco, basta recordar su viaje a Filipinas. México es el estado latinoamericano que posee el más alto porcentaje de católicos, un 93%, además de ser un país pluricultural y multiétnico. Fue en México donde florecieron dos de las llamadas Altas Culturas Americanas (Aztecas y Mayas). El mexicano posee una piedad popular, siendo el epicentro religioso el majestuoso Santuario de la Virgen de Guadalupe. Una etapa fundamental en la historia de la evangelización comprende desde 1572 hasta mediados del Siglo XVII, cuyos hechos más importantes fue la llegada de la orden de los jesuitas y por la valor que adquirió el clero secular, etapa donde se materializa el catolicismo mexicano, gracias, entre otras causas, al profundo fervor al culto de la mencionada advocación mariana. El Papa Francisco es un profundo conocedor de esta historia -como jesuita que es- y en virtud de ella habló de permitir realizar los diferentes actos litúrgicos en lenguas autóctonas, entre tantos pedidos o súplicas más. Francisco conoce acabadamente el universo simbólico-mitológico de las etnias mexicanas valorándolas antropológicamente. En este sentido el pontífice fiel a su estilo ha reflexionado sobre las imágenes que los grupos aborígenes contemporáneos se han formado sobre Dios, entonces bien vale la frase a manera de su interpretación decir ‘el rostro indio de Dios”, el título de la obra de otro sacerdote jesuita, antropólogo, Manuel Marzal.