El turismo extranjero en la Argentina ha venido creciendo exponencialmente, desde 2002, dejando ingresos positivo estimados en unos 1800 millones de dólares anuales, gracias a las expectativas de los buenos servicios y los precios convenientes ofrecidos por los prestadores locales, además del atractivo de las bellezas naturales potenciadas por la promoción del sector.

En virtud de este ingreso genuino de divisas, la inversión turística en el país ha sido incesante para atender la demanda con mayor y mejor capacidad hotelera y de servicios, siendo una de las industrias más florecientes en los últimos años. Ahora las cosas han cambiado sustancialmente, por un lado como consecuencia de la dura política cambiaria que hizo revertir la tendencia, con mayor salida que ingresos de dólares por la avidez de los argentinos que viajan al exterior a valores pesificados al cambio oficial, una alternativa paradójica ya que se revirtió la corriente turística: se va más gente que la que entra.

Pero más allá de que los argentinos, al no poder ahorrar en dólares se van al exterior, incide en el freno externo la apreciación de nuestra moneda, de manera que ahora Argentina está más cara en el contexto internacional. Por ejemplo a los brasileños les cuesta hasta un 30% más visitar nuestro país, porque el real se devaluó un 25% este año, más una inflación que ya acumula 5%, pero también se suman los problemas de inseguridad y de alteración social con piquetes que sitian a las grandes ciudades de manera caótica, los paros e incertidumbre en el transporte, entre otros imprevistos desagradables para el visitante. Peor aun si se piensa organizar en la Argentina ferias y convenciones, porque los excesivos controles aduaneros impiden el ingreso de material para demostración, obsequios, y hasta catálogos.

En lugares más chicos, como nuestra provincia, pueden afectar al visitante extranjero la escasa o nula respuesta que se ofrece en materia de alojamiento y de servicios, caso de los comercios cerrados en los abundantes fines de semanas largos -precisamente para fomentar el turismo- y hasta lugares públicos sin atención por la burocracia estatal.

Todo hace indicar que la curva del turismo receptivo en la Argentina seguirá declinando mientras se mantengan las políticas restrictivas y no existan fuertes motivaciones para que el visitante puedan equilibrar una balanza turística comercial muy sensible, con 1.000 millones de dólares de déficit en lo que va de este año.