En diferentes lugares del país se han conocido propuestas sindicales y empresarias para obligar al cierre de comercios los días domingos y feriados con argumentos que van desde la necesidad de que los trabajadores gocen del descanso en familia, hasta razones de competitividad entre cadenas poderosas y pequeños negocios.
Los argumentos pueden ser entendibles desde el punto de vista humano y sectorial, más si los empleados son obligados a trabajar en jornadas no laborables, y hasta la disgregación familiar por una actividad contrapuesta al calendario. Sin embargo, no han considerado los intereses del público en general, quien le da vida a un pilar de la economía tanto en el consumo masivo como en los servicios turísticos. Es decir, el bien común ha sido relegado por una cuestión que no es privativa del empleado mercantil sino de muchísimas actividades comerciales y de servicios que se cumplen los días domingos y feriados, sin que el personal se sienta discriminado.
Mucho más grave es que se busque imponer por ley el cierre del comercio en esos días, como impulsa la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y diferentes sindicatos del país, porque habrá más perjuicios que beneficios sociales. En Rosario, por ejemplo, el 90% de los empleados que trabajan los domingos prefieren hacerlo porque esas jornadas se pagan doble y se les restituye el franco en días hábiles, que los aprovechan para sus trámites. En zonas turísticas de Neuquén y Río Negro, por ejemplo, estarían en juego más de 10.000 puestos de trabajo.
Debe considerarse que los centros comerciales como los hipermercados y los shoppings no aparecieron por generación espontánea, sino que son el resultado de la demanda de los propios consumidores para disponer de su tiempo libre para realizar compras, o como sostiene la titular de la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios de la República Argentina, Irma Muñoz, la mujer de hoy, trabaja afuera de su casa a la par del hombre y no dispone de tiempo suficiente para llevar a cabo compras y búsquedas de productos los días hábiles.
La salida de la controversia no está en una ley sino en consensuar empleados y empleadores el trabajo voluntario en esos días y compensar debidamente a quienes manifiestan la voluntad de hacerlo, en un sano y razonable equilibrio.
