En relación a los 68 años del funesto terremoto de 1944, he resuelto repasar sucintamente las aciagas vivencias que soportó Chimbas, por ser un departamento que en antaño también sufrió otras contingencias como las crecidas de nuestro río San Juan. Si bien para ese entonces tal zona no poseía un conjunto edilicio importante y por ende escasos pobladores, el sismo provocó cuantiosos daños. Debemos decir que prácticamente todas las casas se derrumbaron, incluyendo algunos edificios públicos, como la Escuela Ernesto A. Bavio y la Escuela Nº 6, obras de construcción precaria. Se calcula que cerca de mil viviendas fueron afectadas por el siniestro, no obstante como consecuencia de las continuas réplicas y lluvias posteriores, se derribaron las pocas que quedaban en pie.

Según datos de la policía, en el departamento se produjeron aproximadamente 33 víctimas fatales, y alrededor de un centenar de heridos. Esta cifra es pequeña en correspondencia a la población registrada en aquel año, se calculan 6.000 habitantes. El reducido número de muertos se explica en parte, por que la mayoría de los pobladores se encontraban fuera de sus casas, cumpliendo jornadas laborales propias de la época, es decir de la pre-cosecha. Entre las víctimas hemos logrado rastrear el nombre de sólo unos pocos, gracias a los datos aportados por antiguos vecinos. Figura doña Antonia Guerrero de Delgado (abuela de quien escribe), Antonio Lozano y su hijo, una joven de apellido Aguirre y un matrimonio de nombre Gómez, entre otras víctimas fatales más.

Fue notable la actuación de un conjunto de instituciones departamentales, encargadas de evaluar los daños y auxiliar a las víctimas. También hubo vecinos que brindaron su ayuda, entre ellos Francisco Fernández, Ignacio Castro, Rómulo Conti, Juan Francisco Delgado, Domingo Sarmiento, Rómulo Mancini, Antonio Claro y Pablo Chatard. Esta gente ayudó suministrando automóviles, camiones y sulkys, para trasladar a los fallecidos y heridos. La falta de médicos y de una farmacia en la zona, dificultó el socorro en la arruinada Chimbas, sin embargo prontamente vinieron facultativos y socorristas de otros departamentos y algunas provincias. Días más tarde llegó la ayuda de la Comisión Militar de Abastecimientos, con comida, ropa y sobretodo de suficiente agua potable.