El fortalecimiento del sistema institucional argentino, vale decir de los tres órganos estructurales del Estado, el Legislativo; el Judicial y el Ejecutivo, en los que se distribuye el poder estatal debe constituir el desafío personal de cada ciudadano particular, mediante el ejercicio práctico de las virtudes o condiciones cívicas que debe detentar un buen ciudadano. En tal sentido, el desarrollo de conductas ejemplares o de suficiente valor ético en términos generales crea un cierto estándar de exigencias o valoración ética, que desde el plano individual y luego colectivo se va a trasladar fijándole esa impronta al sistema institucional. Al respecto las instituciones no son estructuras vacías si no que es el elemento personal el que determina la calidad en términos sociológicos.
En este orden de ideas no cabe duda alguna de que las cuestiones de política económica no tienen posibilidad de resolverse en serio en un marco institucional endeble. En la medida que no se tome realmente conciencia de esa situación la resolución de problemas cuenta con escaso margen a su favor. La sociedad se organiza en instituciones, estas constituyen la forma pero el contenido lo representa el conjunto de individuos, luego un sistema social con valores cívicos inconsistentes no puede si no fijarle ese carácter al sistema institucional.
Es por ello que constituye una entelequia pretender copiar instituciones de otros países sin tener el contenido de valores del sistema social de esos otros países, (verbigracia elección popular de jueces). Asimismo cabe destacar que si bien la responsabilidad de llevar a cabo este cometido le incumbe a todos, sin embargo quienes ejercen una función pública o política, y obre todo de mayor jerarquía, deberían ser los primeros en ejercer tal desafío, desde luego si tienen un mínimo de interés en ese sentido.
De esta manera en un sistema social donde se promueva el cumplimiento de la ley partiendo de la Constitución Nacional, se inculque el respeto de los derechos pero también la sanción para los que infringen, el resultado final no puede ser otro que la consolidación del sistema institucional, y este a su vez, constituye el reaseguro en el que se cimienta la república como estilo de vida donde no tiene cabida los autoritarismos, la intolerancia, la censura, la ambición desmedida de poder, en la que -como se expresó-, impera el sometimiento de todos a la ley. En un ámbito así, la corrupción deja de tener carácter estructural.
(*) Abogado. Mat. 2.082
