Hace 68 años, a las 20.52 nuestra provincia se estremecía con un terremoto de 7,8 grados en la escala de Ritcher, destruyendo cuando encontró y enlutando al país entero. El fenómeno causó la muerte de entre 10.000 y 15.000 vecinos, enterrados en fosas comunes que los obreros de Vialidad Nacional cavaron y regaron con cal para evitar la propagación de enfermedades.

Otras 70.000 personas resultaron heridas de distinta consideración, sobre una población total que no alcanzaba a los 100.000 habitantes. La vecina provincia de Mendoza tuvo ejemplares gestos de solidaridad. Hasta allí fueron trasladados por ferrocarril 1.906 heridos y aunque el Hospital Central todavía no se inauguraba por falta de mobiliario y de servicios, se hizo una improvisada habilitación que permitió salvar la vida a cientos de heridos. Las habitaciones de los siete pisos del edificio de calle Alem y Montecaseros, de la ciudad de Mendoza, se llenaron con mil camas, del mismo modo en que se apuró la conexión de la luz y el gas. A esto se sumó la donación de toneladas de alimentos y ropa para los damnificados, al tiempo que muchas familias mendocinas adoptaron niños que quedaron huérfanos en la tragedia.

Por aquella época los empleados públicos también trabajaban los sábados hasta el mediodía por lo que si el terremoto hubiera ocurrido por la mañana, la cantidad de víctimas todavía hubiese sido mayor. El 16 de enero al mediodía, el coronel Juan Domingo Perón habló por la Red Argentina de Radiodifusión diciendo: "Se hace necesario ahora la colaboración del pueblo argentino que reclamo en estos momentos y que descuento se concretará en los cuatro puntos cardinales”. Y así ocurrió. Tras el acto de beneficencia en el Luna Park, donde Perón conoció a Evita, también los porteños se movilizaron para ayudar. El terremoto cambió totalmente la fisonomía de San Juan, que de ciudad colonial pasó a ser moderna y antisísmica, pero la reconstrucción no fue una tarea fácil: duró hasta 1960, demandando incluso la ayuda suplementaria de la Nación.

En la jornada de hoy hacemos memoria recordando a todos los que murieron en esa tragedia que marcó la historia provincial, pero también sentimos orgullos por un pueblo que supo levantarse, luchar y reconstruir con paciencia y ahínco su hábitat. Este es el legado a seguir y el testimonio a imitar: que frente a las adversidades no cabe el sólo lamento sino la fortaleza: esta virtud que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del progreso.