Mientras la metralla twittera del hermano César desplazado retumbaba en las redes sociales, la cancha de Huracán se convirtió aquel mismo viernes 11 de marzo en el primer escenario de un pulseada decisiva: la voz de Cristina sobre la enmienda sanjuanina.
Fueron dos planos superpuestos y empalmados.
En uno, el campo de juego fueron el aire de la tele donde Gioja consumaba por cadena provincial su anuncio en busca de un nuevo período de 4 años, y el espacio virtual que empleó su hermano César -pese a un intento inicial de hacer pasar a su cuenta de Twitter como hackeada- para descargar su ira inicial frente al desplante de encontrarse fuera de la línea sucesoria.
En otro, el terreno fue el del Globo, donde ese mismo día habían convocado las organizaciones sociales a un acto en apoyo a Cristina y las dos flamantes facciones habían desembarcado por vías separadas. Por un lado el senador (en Buenos Aires, mientras activaba su Twitter) y por el otro lado el núcleo duro del giojismo (se le seguirá llamando así para referirse al grupo de seguidores del gobernador, pese a que el hermano puede reclamar el mismo rótulo por el apellido): José Luis, Sergio Uñac, Marcelo Lima y Ruperto Godoy.
El botín era la voluntad presidencial sobre el diferendo sanjuanino, en un momento en que esa visión estaba un poco borrosa y su conquista suponía una victoria clave. Quién diría que la voluntad de Cristina se convertiría en un fenomenal beneficio, como lo atestiguan las elecciones en las provincias, después de haber caído al subsuelo del descrédito hace poco tiempo.
Eso que hasta hace poco era un portaaviones a remo -arrastrarla a Cristina- y hoy es un envión generoso -reportar a sus filas y contar con su apoyo- fue lo que ambos habían ido a buscar a Huracán. Pudo haber supuesto el senador que estaba sólo en el estadio donde caminaba todo tipo de kirchnerista excepto los del PJ y de la CGT, y que podría operar a placer para hacer llegar su visión a la Presidenta empleando los oficios de quienes ella suele escuchar: el Chino Navarro, o la propia Cámpora de Máximo.
Pero no fue así: el giojismo decodificó ese día la jugada y partió decidido a la cancha de Parque Patricios a neutralizarla, en lo que al final sería el primer capítulo de una cruzada por la palabra de Cristina.
Intentó entusiasmar César ese día al kirchnerismo extra PJ con su discurso, con la ilusión de que la Presidenta desacreditara el intento reformista de su hermano, un tema con el que operó desde hace tiempo con argumentos bien flojos y con el que sigue trabajando hoy: que ella está en contra y en algún momento lo va a decir.
Lo que siguió a ese día fue un pasamanos que llegó hasta la Presidenta. De los organizadores de aquel acto en Huracán hasta Máximo, y de él a su madre. La cosa quedó congelada cuando la propia Cristina frenó a su hijo y llamó personalmente a José Luis Gioja para cortar ese teléfono descompuesto. Fue el primer contacto entre ellos después del lanzamiento de la re-re y allí la Presidenta le llevó calma al gobernador: le dijo que estaba todo bien y que no habría obstáculos desde la Rosada para la reforma.
Para comprobarlo, no haría más falta que esperar unos días. Comenzaron a desfilar dirigentes y funcionarios de alta jerarquía por San Juan, que con el débil argumento de algún compromiso institucional aterrizaron por la provincia para hacer ampulosos gestos de respaldo a la re-reelección.
Lo hizo el ministro Barañao, luego Sileoni, y después su colega de Salud, Manzur. Todos trajeron un puñado de anuncios, pero se prestaron dóciles a la declaración política que habían venido a formular.
También lo hizo el Chino Navarro, uno de los organizadores de aquel acto de Huracán en el que había escuchado los planteos de César. El Chino es una de las espadas dialécticas mediáticas más influyentes en el entorno de Cristina, interlocutor preferido de Máximo. Viajó a Desamparados desde Mendoza a pedir apoyo para la película sobre Kirchner para la que recolecta datos y a dar un elocuente respaldo a Gioja. Mañana estará en San Juan Julio De Vido, otra señal inconfundible, y para mayo aterrizará un K de los más escuchados por CFK: Carlos Kunkel.
Agustín Rossi, jefe de bancada oficialista en Diputados y cabeza visible de La Corriente, un grupo de kirchneristas de paladar negro, también envió una nota el día del acto de jóvenes en el club Sporting Estrella en la que dio una elocuente señal de apoyo para Gioja.
Los únicos que mostraron sus resistencias a identificarse con la reforma y la re-reelección son los jóvenes de la Cámpora. Más allá de alguna remera aislada que apareció por el Sporting, mantienen su prescindencia.
Pero ninguno de los ministros y dirigentes encumbrados que hicieron sentir por la vía de las palabras y los gestos su respaldo hacia la continuidad del gobernador sanjuanino lo hubieran hecho sin la aprobación presidencial. Especialmente en una estructura política como la montada por el kirchnerismo, acostumbrada a manejar con rienda corta y demasiado celo las relaciones que tejen los suyos. Y a castigar con látigos de acero cualquier deslealtad.
Ahora bien, si es cierto que ella apoya la re-re de José Luis Gioja ¿por qué no lo dice? La respuesta a esa pregunta que se cae de madura parece estar relacionada con el nuevo formato para emprender los asuntos espinosos de su Gobierno, que tan buenos resultados le está dando en las mediciones.
No es una reforma constitucional un tema que resulte pasión de multitudes, sino más bien controversial y hasta "piantavotos" (término retro, ahora de moda). ¿Por qué debería asumirlo de manera frontal y apasionada -como lo hubiera hecho en tiempos de Néstor por las causas que entendía necesarias, más allá de impopulares- pudiendo gambetearlas?
Sabe Cristina que si emprende personalmente una defensa del SI será duramente castigada por los opinólogos del gran federalismo argentino. Y más que un favor a Gioja, le estaría tirando con un problema: si la re-re fuera una causa nacional no generaría otro efecto que el desembarco de los marines en esta lucha sin tregua del Gobierno contra un sector de medios.
Ni rastro entonces de visita presidencial antes del 8 de mayo, para bien del discurso político presidencial y el futuro de José Luis Gioja en las filas oficiales. Los gestos serán entonces la dimensión del respaldo, para visitas habrá tiempo de sobra.
Vino bien al sanjuanino lo de Urtubey. Señal de que la imagen presidencial tan alta como la de estos días sirve para ganar provincias, como en Catamarca o en Chubut, pero también se puede hacerlo sin ella, como en Salta. Señal también de que a los socios políticos hay que cuidarlos.
Mal haría Cristina, por otro lado, si expresara rechazo por la reforma o la re-reelección. Ella y su marido recorrieron el mismo camino en Santa Cruz allá por los 90, cuando reformaron la Constitución de la provincia sureña para permitir tres gestiones de Néstor.
También harían mal dirigentes de renombre nacional como los Rodríguez Saá, en el poder en San Luis desde hace 28 años. O un grueso de dirigentes que aprobó la reforma constitucional de 94 que le dio la reelección a Menem post pacto de Olivos: De la Rúa, Duhalde, Carrió, Leopoldo Bravo, Raúl Alfonsín y hasta Pino Solanas y el cortista Eugenio Zaffaroni. O Moyano, al frente de su gremio desde hace casi 30 años.
Hasta Perón, postulado asombrosamente en un corto publicitario como imaginario opositor a la enmienda y la re-reelección, cuando él impulsó y aprobó una reforma constitucional en 1949 que incluyó la reelección indefinida y le permitió volver a ser electo. Deberían recordarla los peronistas sanjuaninos: en esa reforma brilló un local, Pablo Ramella, ícono constitucionalista en San Juan.
