El bautismo es el sacramento necesario para nuestra salvación. Los padres que piden el bautismo para sus hijos están respondiendo por su fe al Evangelio de Cristo. Los niños son bautizados en la fe de la Iglesia.
Los padrinos de bautismo adquieren un compromiso moral con la familia del niño bautizado, con la Iglesia y, por supuesto, con su ahijado. Éste se convertirá en su hijo ante los ojos de Dios, por lo tanto deben procurar su educación, principalmente religiosa y moral. Los padrinos se convierten para siempre en un ejemplo a seguir para el ahijado.
Ser madrina es un privilegio, una alta distinción, un honor, un trofeo y una gran responsabilidad con la familia que la elige y con el pequeño. No hay un código de ética para ser una madrina, no hay reglas ni normas a seguir, sólo hay que alimentar el amor de un "compadre” manifestado en la entrega de su hijo.
El Código de Derecho Canónico nos habla de padrino o de los padrinos únicamente en relación a los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La función propia del padrino es la de asistencia en la iniciación cristiana del que se bautiza y juntamente con los padres eligen su nombre que no debería ser ajeno al sentir cristiano.
El nombre propio para la Sociología, son palabras que sirven para designar cosas especiales y tangibles animadas (como en el caso de personas o animales) o inanimadas (como en el caso de lugares o conceptos). La ciencia que estudia los nombres propios y su origen se denomina Onomástica (del griego onoma: nombre). Es una rama de la Lexicografía esencialmente lingüística que se ocupa básicamente del contexto histórico y el origen etimológico del nombre propio.
En todos los idiomas hay nombres que por tradición son masculinos o femeninos, aunque algunos, como por ejemplo, el nombre Trinidad en español, se utiliza para ambos sexos. Un nombre en sí mismo no tiene un significado psicológico a menos que vaya asociado a alguna experiencia significativa. Los nombres poco habituales o que provocan la utilización de apodos o diminutivos pueden tener algún efecto negativo sobre la personalidad.
La influencia cristiana sobre los nombres de pila es notable. En algunos países cristianos, un recién nacido debe tener un nombre adecuado para que se le pueda expedir el certificado de nacimiento.
Los actuales nombres de pila pueden tener su origen en los meses del año (Abril, Julio); piedras preciosas (Rubí, Esmeralda); actores contemporáneos (Kevin, Liza); flores (Rosa, Margarita, Dalia); lugares geográficos (Georgia, Grecia, África) o personajes de la mitología (Diana, Jasón).
En el transcurso de la vida de una persona es normal festejar su cumpleaños. Es decir, el aniversario de la fecha de su nacimiento: día y mes. Pero además, existe el Calendario de los Santos o Santoral en el cual cada día del año a un Santo se le festeja onomásticamente. Este es el caso de San Benjamín de Persia, según el Antiguo Testamento, hijo menor de Raquel y el patriarca Jacob, hijo predilecto de Jacob, vivió en Persia, cristiano y diácono, predicó la palabra de Dios por toda la región y logró muchos conversos.
Dentro de los mártires, Benjamín, diácono, después de que fuera golpeado es encarcelado durante un año y luego puesto en libertad por el embajador de Constantinopla con la promesa que Benjamín se abstendría de predicar esa religión. Aunque no cumplió su promesa fue encarcelado nuevamente, viviendo el martirio de las torturas más crueles hasta ser decapitado.
Tradicionalmente, Benjamín también se utiliza para designar al más pequeño de la familia. Su Santo onomástico se celebra el 31 de marzo. Son variantes de Benjamín: Ben, Benny, Benji y en femenino Benjamina.
Aunque por costumbre son pocas las personas que celebran el día de su santo, tenemos otra fecha diferente al cumpleaños para homenajear y agasajar a quienes queremos mucho.
(*) Bibliotecaria Nacional. Matrícula Profesional 068
