Si bien todas las épocas han tenido su grado de complejidad en lo social, afrontamos en estos tiempos un oscuro panorama vinculado al comportamiento que muchos jóvenes exhiben en momentos destinados al esparcimiento o la diversión. No vamos a generalizar en apreciaciones, porque es bien sabido que en comunidades como la nuestra, donde todavía impera la idiosincrasia provinciana, numerosos jóvenes todavía conservan valores de comportamiento que los mantienen alejados de los excesos y desórdenes.
Lo que es necesario señalar es que los casos de agresiones o desmanes juveniles, que se han estado sucediendo en los últimos años, tienen un evidente origen en familias con problemas de adaptabilidad al medio, o que afrontan situaciones de disgregación, dentro de una absoluta carencia de valores y una inmadurez o desentendimiento de obligaciones de los progenitores. La falta de normas que llevan a muchos jóvenes a comportarse en una forma totalmente reñida con las buenas costumbres está afectando seriamente las relaciones sociales y con ello la vida de mucha gente.
La muerte de un chico de 15 años, hace dos semanas en la zona de Rivadavia, en una riña en la que participaron otros jóvenes de la misma edad, demuestra hasta qué punto los padres se desentienden de los hijos, sin conocer o interesarse en los riesgos a que se exponen acudiendo a fiestas en las que, como en este caso, pueden encontrar la muerte. Un hecho similar tuvo lugar en enero último en el Parque de Mayo, cuando un joven de 20 años asestó 14 puñaladas a otro de la misma edad por una vieja venganza. A esto se suma el caso de la chica agredida y abusada por sus propios compañeros en una fiesta de estudiantes y las numerosas peleas que se originan en distintas plazas, incluida la céntrica 25 de Mayo.
La violencia juvenil surge cuando el modelo familiar no es el adecuado porque se subestima a los demás, se pierde el respeto al prójimo o se convive con conflictos no resueltos que generan un permanente estado de alteración y agresión.
La sociedad debe estar más atenta a estos casos y ejercer un mayor control de fiestas y lugares de reunión juvenil, advirtiendo la presencia de individuos conflictivos para que las autoridades o instituciones intervengan para asegurar la convivencia juvenil.
