La profunda crisis económica que soporta España tiene secuelas sociales y políticas que trascienden la coyuntura del colapso financiero europeo, generando tensiones que sacuden hasta los cimientos de la integración nacional. Los reclamos de los españoles por el profundo ajuste fiscal, en masivas protestas callejeras, hicieron aflorar viejos sentimientos independentistas frenados por pactos preexistentes de unidad republicana, como es la amenaza de Cataluña de crear un Estado propio e independiente del Gobierno central español presidido por Mariano Rajoy.
Lo que fue la explosión de más de un millón de catalanes en las calles de Barcelona, el 11 del corriente, exigiendo la independencia de la región, ha tomado formalidad política y ya se habla de decisiones para canalizar ese reclamo popular. Es así que el gobierno catalán ha proclamado ante la opinión pública que el camino hacia la independencia con la creación de un Estado propio, no tiene retorno y no se descarta la convocatoria de un referéndum para que el pueblo avale la secesión, como tampoco que el parlamento regional proclame la autonomía tras las próximas elecciones.
Pero el trasfondo de la decisión política de los catalanes tiene una raíz económica financiera disparada por la crisis. Por eso el presidente catalán, Artur Mas dio el primer paso el jueves último hacia el Estado propio, luego de que el presidente español Mariano Rajoy se negara a otorgar a Cataluña la soberanía fiscal. Los catalanes sostienen que si estuviera en sus manos la agenda tributaria de la región no tendrían los problemas actuales de liquidez que obligan a realizar numerosos recortes del gasto con mayor presión tributaria y desocupación, los detonantes de las protestas callejeras.
La situación del no retorno de los catalanes, motivó un llamado a la unidad del rey Juan Carlos para enfrentar juntos la difícil crisis que atraviesa el país e instó a recuperar los valores que imperaron en la transición de la dictadura a la democracia. La réplica no se hizo esperar y un vocero del gobierno de Mas expresó que al pueblo catalán no se le puede pedir que renuncie a lo que es, a su identidad y al derecho de decidir su propio futuro. Pero más allá de los sentimientos secesionistas, el impacto está en los bolsillos y en el bienestar de la gente que se deteriora día a día.
