Más de 30 años transcurridos desde el fin de la dictadura militar ameritan algunas ideas sobre el papel de las instituciones militares en el sistema político de gobierno. Lo primero es rechazar el desconcepto que surge del sello postal conmemorativo de la llamada "’década ganada”. Si el valor que se atribuye a los militares oficialmente es dibujarlos patas para arriba en una estampilla, evidentemente la intención continúa siendo escarnecerlos y vapulearlos a contrapelo de lo que la Argentina necesita, que es fortalecer globalmente su poder nacional, lo cual incluye -con toda obviedad- a su poder militar de defensa.

Lo segundo es señalar que las FFAA deben ser todo lo profesionales -con exquisito alto entrenamiento y dotadas de los más sofisticados y tecnológicos equipamientos- de que seamos capaces de lograr y correlativamente absolutamente alejadas del embanderamiento con el gobierno de turno, es decir absolutamente lejos de la más mínima partidización.

Es difícil -para la cultura ainstitucional que padecemos- distinguir entre subordinación constitucional al gobierno y no sometimiento a la bandería política de un gobierno. En un país con apego a las leyes y respeto a las instituciones es sencillo distinguir ente la Presidencia de la República como institución y como jefatura partidaria. Ambos están tan confundidos que hasta tendemos a considerar imposible disociarlos. Por eso, las FFAA son incitadas a "’alinearse con el modelo”, como si fuera el encuadramiento que manda la Constitución, que es sistémico y no partidista.

¿Qué mutaciones se deben introducir para revalorizar el rol de los militares y para darles mayor funcionalidad? La ley 24.059 prevé que las FFAA sólo pueden utilizarse para seguridad interior en caso de una excepcional crisis. El concepto legal es equilibrado, pero exige algunos ajustes basados en las hipótesis de los llamados conflictos y/o amenazas de cuarta generación. Éstos son los configurados por el crimen supranacional organizado, el espionaje tecnológico-industrial, las acechanzas estratégicas que tienen en mira los recursos críticos y/o escasos como ciertos minerales o el agua, el narcotráfico con estructura internacionalizada, algunas tensiones étnicas fogoneadas por intereses también internacionales, para citar sólo algunos.

Estas amenazas no provienen técnicamente de estructuras estatales ajenas, sino que se han organizado novedosamente. A una novedad corresponde una respuesta nueva. Es impensable que la Argentina sufra una invasión como la inglesa de 1806 o la de igual proveniencia de 1833. Empero, hoy los herederos de aquellos añejos invasores exploran y comienzan a explotar hidrocarburos en nuestro mar ¿Cómo se puede describir esta situación? ¿Es anodina?

¿Amerita que las FFAA realicen inteligencia sobre las conexiones internas y externas de las actividades de las compañías petrolíferas involucradas y del gobierno que las ampara? ¿Puede establecerse una nítida frontera entre inteligencia interior -vedada por la ley citada- y foránea, cuando se trata de un asunto como este?

El delito internacional organizado tiene ramificaciones obviamente afuera del país, pero opera adentro ¿Es conveniente sustraer a las fuerzas armadas de la inteligencia sobre esas amenazas porque su actividad se extiende y despliega en el interior del país? ¿Cómo deslindar que efectúen inteligencia hasta un punto y a partir de él se desconecten? Sería descoordinar la acción, algo absolutamente no recomendable si es que queremos buenos resultados.

El supuesto de las FFAA combatiendo internamente al narcotráfico es materia de creciente debate. Me inclino resueltamente porque los militares no intervengan ni participen directamente en esa necesaria y decisiva pugna. Sería nefasto que el malsano y penetrante dinero de la droga se filtre en las FFAA. Éstas deben ser preservadas. Sí, deben hacer inteligencia en esta cuestión y en el marco de la comunidad de los organismos del Estado que realizar esas sensibles tareas, compartir la información obtenida.

Eso sí, acá hay que remover las murallas entre Seguridad Interior y Exterior. Simplemente, porque esas murallas solo existen en la imaginación de los inspiradores de la ley 24.059. La inseguridad externa repercute adentro, tiene su secuela en el interior ¿Cómo lograr que las FFAA se dediquen a la defensa nacional y no a la seguridad cotidiana?

Si aspiramos a tener un país bien defendido y seguro interiormente, ¿persistiremos en infamar a las FFAA o las integraremos institucionalmente, reformándolas, profesionalizándolas, remunerándolas y respetándolas? No las queremos combatiendo a los cacos de la esquina. Ni siquiera a los narcotraficantes. Pero sí las necesitamos sólidas, colaborando con las fuerzas de seguridad cuando el delito organizado cobra amenazante dimensión y sobre todo, las pensamos como nuestra garantía en uno de los objetivos básicos que establece el Preámbulo, la Defensa Nacional.

(*) Diputado nacional por UNIR, integrante del Frente Renovador.