La canción Imagine de John Lennon que entonaron varios cantantes en la apertura de los últimos juegos Olímpicos de Tokio, además de evocarme a cómo creo que será la gloria eterna, me hizo recordar a un trabajo muy interesante que leí hace un tiempo donde se afirmaba que hemos considerado a los procesos racionales y lógicos como los más importantes en educación, en contraposición de otras materias como el arte o la música que buscan promover la imaginación y la creatividad. Me preguntaba: ¿Es importante la imaginación para nuestro crecimiento personal? ¿Es posible promover la imaginación? ¿Se puede entrenar nuestra creatividad?
Como sabemos, la imaginación es la base sobre la que se apoya la creatividad, (primero imaginamos y luego nos ponemos a trabajar para concretar nuestros sueños). Sin imaginación no hay creación. En un mundo tan cambiante como en el que vivimos es más que nunca necesaria la imaginación y la creatividad. Por eso tal vez, las personas más demandadas en el mundo del trabajo son aquellas capaces de pensar y generar ideas que presenten soluciones para resolver los nuevos problemas a los que nos desafía el cambio epocal. La innovación es fundamental en la actualidad para adaptarse a un mundo tan dramáticamente imprevisible y complejo.
"La imaginación es la base sobre la que se apoya la creatividad. Sin imaginación no hay creación.”
Por eso es preocupante que la educación no haya incorporado sistemáticamente y de manera interdisciplinar el fomento de esta capacidad eminentemente humana como parte central de cualquier proyecto de formación.
Hoy sabemos, gracias al aporte de las neurociencias, que la imaginación activa los mismos circuitos cerebrales que cuando lo hacemos o lo experimentamos empíricamente. Si nos imaginamos por ejemplo, que estamos haciendo un deporte, el cuerpo frecuentemente responde como si fuera cierto: se acelera nuestra respiración, el ritmo cardíaco y la tensión arterial. Pueden producirse también estímulos musculares, exactamente igual que en la realidad, aunque estemos dormidos y soñando.
La imaginación funciona como un simulador virtual interno en el que podemos probar situaciones, entrenar, crear, prever, incidir en nuestro organismo, mejorar el aprendizaje y hasta experimentar habilidades sociales y emocionales.
Cómo se puso en evidencia en los Juegos Olímpicos que acaban de concluir, desde hace algunos años, en atletas de alta competición se vienen aplicando técnicas de entrenamiento mental a través de la imaginación guiada.
Cuentan que el mejor golfista de la historia de EEUU decía que el 90% de su éxito era debido al entrenamiento mental donde se imaginaba cada paso, cada movimiento y luego en el campo los practicaba tal cual se lo había imaginado.
Cuando los jugadores de nuestro seleccionado que ganaron la Copa América, piensan en una jugada (como pasa con cualquier otro equipo y deporte), sus cerebros se sincronizan, produciendo así estímulos cerebrales semejantes y coordinados provocando un mayor vínculo y coordinación entre ellos, por lo cual es muy probable que suceda lo que imaginaron y practicaron previamente.
La utilización de juegos dramáticos, teatro, simulaciones, juegos virtuales avatares, lectura de cuentos e historias también puede ayudar a desarrollar estas habilidades.
Sabiendo que es tan importante ser creativos e innovadores para superar este tiempo tan dañino de pandemia: ¿Será posible permitirnos espacios en los que podamos soñar, imaginar crear y compartir ideas que permitan innovar?
¿Serán capaces el ámbito laboral o el educativo de crear nuevos espacios y tiempos de concentración potenciando la actividad cerebral que impulsa la imaginación? ¿Qué podemos hacer para que la política estimule la buena creatividad en quienes tienen que diseñar el futuro de los argentinos?
Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo)
