En ajedrez, la posición de jaque mate (expresión del persa y árabe, que literalmente significa "el rey está atrapado” o "el rey no tiene escapatoria”), o mate es aquella con la que el último bando que movió gana la partida. Es decir, hay un jaque al rey que no puede evitar mediante ninguna jugada legal el bando amenazado.

Nadie sabe a ciencia cierta el origen del ajedrez. Los críticos sostienen diversas teorías. Mientras algunos dicen que fue invención de los griegos, otros le atribuyen un origen indio, chinés o egipcio y también aseguran que es originario de Persia. Se piensa que los antiguos griegos lo jugaban para entretener sus ocios durante el sitio de Troya y, es probable que haya sido introducido en Europa por los árabes, que avanzaron por el Mediterráneo y llegaron a conquistar casi toda España a principios del siglo VIII. Lo cierto es que hasta la Edad Media no se lo conoció en Europa.

La leyenda más aceptada dice que el ajedrez fue inventado en la India por Sissa, hijo de Dahir, quien, encargado de educar e instruir a un príncipe real, se propuso componer un juego en el que, no obstante ser el rey la figura principal, nada pudiera hacer sin ayuda de sus súbditos. Agradó tanto al príncipe el nuevo juego que, en un rasgo de generosidad, ofreció a su autor que pidiera lo que quisiera; y éste, queriendo dar una nueva lección a su real discípulo, le pidió un grano de trigo para la primera casilla, dos para la segunda, cuatro para la tercera, y así sucesivamente hasta llegar a la 64, y que todos juntos se los entregaran. La petición, tan modesta a primera vista, fue concebida desde luego, pero hechos los cálculos resultó que todos los tesoros de la India no bastaban para satisfacerla. La cantidad de granos valen aproximadamente 100.000 billones de pesos. Para producir tal cantidad de granos habría que sembrar 76 veces todos los continentes de la Tierra.

El ajedrez conjuga tres aspectos diferentes: es arte porque permite crear; ciencia porque sus infinitas combinaciones y variantes remiten a la matemática, y es deporte porque es una competición. Un deporte que también es cultura dotado de reglas de cortesía y comportamiento que enseña a pensar con razón y lógica a cualquier persona que lo practique.

El ajedrez intenta hace muchos años posicionarse en el sistema educativo como una herramienta eficaz para la formación de un individuo crítico y pensativo. Su práctica mejora el desarrollo de la atención, de la memoria, del razonamiento lógico, de la reflexión y de la creatividad, mediante la búsqueda de soluciones originales a los problemas planteados. Aumenta la capacidad de percepción, de discriminación y de análisis-síntesis; estimula la intuición y la percepción; potencia la capacidad de razonamiento lógico-matemático e introduce al individuo en el campo de la abstracción a través del proceso reflexivo e incluso mejora la salud a largo plazo.

Las bondades que la práctica del ajedrez puede brindar al ser humano no se limitan sólo al campo de la educación. En la vida cotidiana, el juego estimula la perseverancia en el abordaje de tareas y en la resolución de problemas; permite analizar las cuestiones desde diferentes puntos de vista, ya que ayuda al sujeto a situarse en la perspectiva del otro, a valorar con antelación las ventajas y los inconvenientes de una decisión y a planificar anticipadamente las respuestas a posibles situaciones. Desarrolla la capacidad de autonomía mediante la toma de decisiones, así como la autoestima y la superación, permitiendo valorar el propio progreso en el aprendizaje y adquirir un nivel adecuado de auto-confianza. Contribuye al análisis sistemático de los problemas utilizando procedimientos adecuados para obtener la información, seleccionarla, organizarla y utilizarla. Lleva a la persona a responsabilizarse de sus propios actos, porque le enseña a reconocer los aciertos y los errores cometidos y a asumir las consecuencias positivas o negativas de las decisiones tomadas. Hay un cambio en el comportamiento: aprenden a respetar al rival y se conducen de una forma más tranquila y reflexiva.

Si se impulsara en forma masiva la enseñanza y la práctica del ajedrez desde la escuela primaria se contribuiría a una mejor formación de los niños, que tendrían menos inconvenientes para enfrentar tanto los estudios superiores como los problemas que les presentará la vida cuando sean mayores. El Estado debería introducir la enseñanza del ajedrez en los espacios curriculares en todos los niveles educativos, incluido el universitario. Esta tarea podría efectuarse a través de talleres o de materias extra-programáticas.

También es una actividad divertida, que se puede jugar en cualquier sitio y que reportará horas de entretenimiento. No hay por qué pensar que todo el que lo practique se tiene que dedicar a ello profesionalmente. El ajedrez es un juego milenario, tan amplio que uno lo puede afrontar de distintas formas: como simple aficionado, como jugador de club, como jugador amateur o como profesional. Además, es el deporte que mejor se ha adaptado a las nuevas tecnologías, desde el desarrollo de programas de juego a la presencia masiva en Internet. El ajedrez es un buen ejercicio mental y una forma de relacionarse con los demás, una buena celada o el dar un buen jaque mate a un oponente, a veces es tan o más satisfactorio que meter un gol en un partido de fútbol.