El compromiso ante el G20 de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de sumarse al sistema de cooperación internacional para mitigar los efectos de la crisis, se materializa con el acuerdo logrado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El ministro de Economía, Amado Boudou, fue artífice de un acercamiento que parecía imposible, debido al enfrentamiento con nuestro país y el incumplimiento con los bonistas en default. Sin embargo se logró una delicada negociación con el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, en el marco de la asamblea anual realizada en Estambul. Hubo predisposición favorable del Fondo, pudo haber exigido mucho más que las buenas intenciones, ya que se limitará a realizar una evaluación de las políticas argentinas en sintonía con el resto de los países del G20, a partir de fin de año. Es decir, no será una auditoría, mucho menos el diseño de mecanismos, o "recetas", que tanto irritan al kirchnerismo.

El reencuentro con el FMI es mejor del esperado. El balance es altamente positivo a pesar de la morosidad argentina con los acreedores y muchas cuestiones que le recordaron a Boudou, como el manejo de la inflación, las estadísticas oficiales y la cuestión fiscal. Mucho más pudo lograrse si la Argentina hubiese alcanzado un acuerdo con los holdouts, porque de hecho se le hubieran abierto las puertas de los organismos multilaterales. Y, sin deudas atadas a los índices inflacionarios, el INDEC dejaría atrás el manto de sospecha tendido sobre sus números.

En esta nueva relación nuestro país va a recibir críticas del FMI, como lo hace hasta con las naciones desarrolladas, pero no tendrá imposiciones y menos condicionamientos para sus políticas, porque también el Fondo ha cambiado su forma de mirar la economía de los países emergentes. Ha cambiado el panorama y ahora el gobierno debe ser cauteloso para sostener este compromiso dentro del marco legal.

Lo que si debe quedar en claro es que Argentina se fue del FMI en 2005, creyendo que solucionaba todos sus problemas económicos y ahora el desequilibrio de sus cuentas es casi igual que entonces y con un sombrío panorama a la vista. Tampoco el Fondo dará un peso si no observa absoluta seriedad y respeto económico e institucional.