La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner acaba de denunciar ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por medio del canciller Héctor Timerman, una militarización del Atlántico Sur por parte del gobierno del Reino Unido en el conflicto por las islas Malvinas. También llevará su denuncia contra la nueva ofensiva de Gran Bretaña, a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sumó a estas decisiones la firma del decreto, ya anunciado, que autoriza la desclasificación del informe sobre el accionar argentino durante la guerra, previo estudio por parte de una comisión. La Presidenta quiso de este modo, reafirmar una estrategia, que prioriza las negociaciones diplomáticas más allá de arriesgarse a perder el control sobre los acontecimientos, que es lo que puede ocurrir al haber presentado el caso ante el Consejo de Seguridad. El ingreso de un tema sensible para un actor periférico al Consejo no significa siempre una solución pronta ni incruenta y, en la medida que los problemas no se resuelven en ese ámbito clave para la paz internacional, éstos tienden a perder relieve.
El Gobierno también ha planteado el reclamo sobre la militarización a la enviada de Barack Obama, Roberta Jacobson, que se encuentra visitando el país como secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental. El pasado 19 de enero, un periodista le preguntaba al vocero del Departamento de Estado norteamericano: "¿Han tomado los Estados Unidos posición respecto del reciente intercambio de declaraciones entre el Reino Unido y la Argentina sobre las Falklands?”. El vocero respondió: "Esta es una cuestión bilateral que necesita ser resuelta directamente entre los gobiernos de Argentina y Reino Unido. Nosotros alentamos a ambas partes a resolver sus diferencias a través de los canales diplomáticos normales. Reconocemos la administración "de facto" del Reino Unido en las islas, pero no tomamos posición sobre la soberanía”. Para los EEUU hay un diferendo y el camino para resolverlo es el diálogo. Esto coincide con la posición argentina. Y es diametralmente opuesto a la actitud británica que, con típica arrogancia, sostiene que no tiene nada que dialogar con Argentina sobre el diferendo. Los británicos, confirma el vocero, están de facto en las islas, lo que es muy distinto a estar por imperio del derecho. Es de esperar que prime la racionalidad en los británicos y no sigan arrogándose una prepotencia colonialista que minimice estos errores y evitar que los costos sean mayúsculos.
