A pesar de la crisis financiera global, los países cada vez invierten más en el área de Defensa, según se desprende de un reciente y alarmante informe que vuelve a agitar el fantasma de una carrera armamentista en América latina. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), Suecia, reveló que entre 2005 y 2009 hubo un explosivo aumento del 150% en la compra de armas por parte de países de la región con respecto a cinco años atrás.

El comercio global de armas creció un 22% durante el último quinquenio, un alza que resulta particularmente preocupante en América latina y en el sudeste asiático. Según el informe del Sipri, cada vez más países sudamericanos están invirtiendo en tanques y vehículos blindados. En septiembre pasado, Venezuela recibió un crédito por 2.200 millones de dólares, que utilizará para adquirir una cantidad incierta de sistemas de defensa aéreos, artillería, vehículos blindados y tanques. En tres años, el gobierno de Hugo Chávez invirtió más de 5.000 millones de dólares en la compra de armamento a Rusia y a España, principalmente.

Excepto en Colombia, no hay conflictos armados de envergadura en América del Sur y sin embargo, la región se desangra como ninguna otra en el planeta. Unos 80 millones de armas ilegales tienen la culpa. De México a Tierra del Fuego, la tasa de homicidios duplica el promedio mundial: 140.000 personas mueren tiroteadas cada año, según datos del Banco Mundial. Chile ocupa el primer lugar en América del Sur y el decimotercero en el mundo entre los países importadores de armas convencionales.

Nuestro país está fuera del mercado de armas. No tiene producción para exportar y no cuenta con capacidad económica para compras significativas. El Ministerio de Defensa apuesta a la recuperación de sistemas para, por lo menos, sostener lo que se tiene. Y en el futuro inmediato no hay proyectos de renovaciones importantes. Años de olvido del área militar, por cuestiones que exceden las premisas castrenses, no se pueden revertir en corto plazo. Las hipótesis de conflicto ya no existen, pero para cualquier país es indispensable contar con capacidades de defensa adecuadas al entorno.

Frente a la realidad de un rearme continental concreto, es necesario exigir y alentar a que se transparenten los gastos y la información sobre los sistemas de armas que se compran, y organismos como la OEA o la ONU deberían involucrarse más en esa vigilancia.