Una nota periodística sobre el presidente ecuatoriano Rafael Correa, que leí en una visita a Colombia, me dio que pensar sobre sus encendidos discursos críticos contra Estados Unidos. Según el semanario colombiano "Semana", el padre de Correa estuvo tres años en una cárcel de Estados Unidos por contrabandear cocaína a ese país, y se suicidó al poco tiempo de salir de prisión.

El dato me llamó la atención, porque el "antiimperialismo" de Correa siempre me intrigó. A diferencia de Hugo Chávez, su padrino político, Correa ha vivido en EEUU, y obtuvo un doctorado en Economía en la Universidad de Illinois. ¿Cómo un doctor en Economía dice discursos que ahuyentan las inversiones, provocan la fuga de capitales y a la larga empobrecen el país? ¿Será que Correa sabe algo que los demás ignoramos, o es que su ideología "revolucionaria" sólo busca poderes absolutos?

Correa, de 46 años, quien inicia su segundo mandato presidencial, hizo campaña en 2006 como un hombre de izquierda moderada. Tras asumir siguió los pasos de Chávez, reformando la Constitución para ampliar los poderes presidenciales, atacando a la prensa independiente, adoptando medidas contra las empresas petroleras estadounidenses, ordenando la expulsión de las tropas antinarcóticos de EEUU y -por acción u omisión- permitió que la guerrilla colombiana FARC estableciera bases en Ecuador.

Correa rompió relaciones con Colombia, después de que el ejército colombiano atacara una base de las FARC en Ecuador, en 2008, y encontró archivos de computadoras -certificados por Interpol- documentando el activo apoyo de Ecuador y Venezuela a los narcoguerrilleros colombianos.

Ahora, Correa está prometiendo "radicalizar esta revolución". Sus opositores dicen que no sólo trata de acaparar poderes absolutos, sino también desviar la atención sobre la corrupción en su gobierno.

La historia del padre de Correa no es nueva para los ecuatorianos. Fue confirmada por el propio presidente hace dos años, pero no repercutió fuera del país. Según un despacho de la agencia Reuters del 14 de abril de 2007, Correa dijo en un discurso: "Cuando yo tenía 5 años, mi padre fue arrestado por llevar drogas a Estados Unidos". Criticando el duro castigo a los contrabandistas de pequeñas cantidades de drogas, Correa agregó: "Yo viví todo eso, y esas personas no son delincuentes. Son madres solteras o desempleados desesperados por alimentar a sus familias".

¿Fue la tragedia de su padre, o un convencimiento ideológico lo que llevó a Correa a su radicalismo actual?, le pregunté a varios conocidos ecuatorianos. "Ambas cosas", me dijo el ex presidente ecuatoriano Osvaldo Hurtado. "Por un lado, suele reaccionar rencorosamente frente a personas, o instituciones o países que él percibe que a lo largo de su vida le causaron algunos perjuicios. Por otro lado, viene de una formación de la Teología de la Liberación, y de la Teoría de la dependencia".

Mi opinión: no todo lo que ha hecho Correa es criticable. Ha confrontado al todopoderoso sindicato de maestros, ordenando la primera evaluación de docentes, algo clave para mejorar el nivel educativo de Ecuador. Además, a diferencia de otros presidentes autotitulados "revolucionarios", arremetió contra otros sindicatos que eran enormes nidos de prebendas. No obstante, la prepotencia y el autoritarismo de Correa lo acercan cada vez más al modelo chavista. Y su populismo económico perjudicó al país, desaprovechando el mayor precio del petróleo de los últimos años, que Ecuador podría haber utilizado para construir las bases de una prosperidad duradera.

Si el radicalismo de Correa está influenciado por la tragedia de su padre, es comprensible: cualquiera queda marcado de por vida por una experiencia tan dramática vivida en la infancia. Pero, como presidente, Correa debería seguir políticas económicas que atraigan inversiones y reduzcan sostenidamente la pobreza, sin dejarse llevar por resentimientos del pasado, por más válidos que sean en su intimidad.

"TANTO la tragedia de su padre, como un convencimiento ideológico, es lo que podría haber llevado al presidente ecuatoriano Rafael Correa a su radicalismo actual."