Un gato bamboleaba su cola desde un antiguo balcón, y observaba como temprano en la mañana la verde persiana del kiosco hacia su apertura. Luego aparecía un viejo con el lampazo, y el cartel tijera, que anunciaba que además de golosinas, también hacia fotocopias.
El Rolo Calvo, era uno de los personajes de la ciudad, al igual que el "Lechón”, "El gauchito lustrador”, "El lustrabotas” Carrizo, o el "kerosenero” de la calle Córdoba, era parte de una estirpe tradicional que van naciendo, y hacen que la vida urbana sea un poco mas divertida en San Juan.
Su kiosco de calle General Acha, era un lugar típico y folklórico, sitio que tal vez el genial Omero Manzi se hubiera inspirado en sus poemas.
Largas tertulias, amigos, relatos historias, romances de barrio, era el lugar que todo vecino acudía cuando necesitaba un respiro, un consejo, o un chiste mal contado. Era en definitiva donde la gente se asomaba con su montón de penas, y se iba con otro enfoque de la vida.
El "viejo” del kiosco, era tal vez el tipo que mas se demoraba en llegar desde su negocio hasta calle libertador, tanto saludar, hacia de la amistad un culto, y del relato una inyección de alegría al alma.
Comprendía tal vez, lo que cuesta ser feliz, y combatía a piña limpia, para que el día fuera mas ameno y agradable.
Era común ver en las noches, ronda de hombres en las noches de invierno, y el Rolo tras el mostrador contando no se que cosa, que entretenía y demoraba en el paso a sus casas a los vecinos del barrio haciendo hincapié, siempre que todo retorna del pasado, todo se repite.
El Rolo era padre también, y de los buenos, y te hacía saber lo bueno que eran sus vástagos, y en esto él tenía mucho que ver.
Con una llave inglesa arreglaba un cohete, con una lámpara de auto hacía andar una fotocopiadora rota, pero por sobre todas las cosas era un reparador de angustias.
Un día la luna se puso en sangre, y lloraba carmesí, el Rolo aguantó, aguantó, hasta que estuvieron todos juntos, y como angustia de un presagio, dio su último suspiro, partió a otro lado.
Tal vez hoy cuenta sus historias sentado en una estrella, tal vez hoy está rodeado de los viejos que, en la tierra lo escuchaban. Hoy queda el recuerdo imborrable de un tipo que no pasó por este mundo en vano.
