Los refranes son muy valiosos en nuestra lengua, son un compendio de sabiduría popular, nos dejan enseñanzas y nos hacen reflexionar. Los dichos o refranes son frases que han pasado de generación en generación y que tienen una moraleja o una enseñanza oculta. Tienen orígenes inciertos, pero revelan la sabiduría de la vida. En nuestro caso, “El que las hace, las paga”; el significado es directo: como personas somos responsables de nuestras acciones. Y nos cabe un castigo por un mal comportamiento.
En el mismo orden, pero con un sentido de razón mucho más elevado, quien fuera miembro de la Corte Suprema de Los Estados Unidos (1902 a 1932), egresado de la Escuela de Derecho de Harvard, y destacadísimo jurista a nivel mundial, Oliver Wendel Holmes Jr. (1841-1935), se pronunciaba al respecto sobre la humana conveniencia y necesidad del castigo: “La ley amenaza con ciertos males si uno hace ciertas cosas, si uno persiste en hacerlas, la ley debe infligir estos males con el objeto de que sus amenazas continúen siendo creídas”. Brillante razonamiento del juez, pues ¿de qué sirve la existencia de una ley penal que determina ciertos castigos para quien realiza ciertas conductas, si luego, una vez cumplidas, esos castigos no se aplican?
En mayo de 2023, un informe realizado por el Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA), concluyó que más del setenta por ciento (70%) de los argentinos quieren penas más altas para los delincuentes.
Penas más altas
En mayo de 2023, un informe realizado por el Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA), concluyó que más del setenta por ciento (70%) de los argentinos quieren penas más altas para los delincuentes. Resulta este un dato muy revelador. Soy de la opinión de que la mirada no hemos de ponerla en la severidad del castigo (penas más altas), sino más bien, en existencia real del castigo, es decir, “el que las hace, las paga”.
Pese a los datos arrojados por el estudio citado, como por otros tantos que se manifiestan en idéntico sentido, pareciera que en las últimas dos décadas nos hemos dedicado a “romantizar o edulcorar” la delincuencia. Esto, desde las decisiones adoptadas por las autoridades estatales tales como, por ejemplo; presos con teléfono celular e internet, presos con televisores y acceso a televisión digital, etc.; hasta la existencia de series de gran éxito como el caso de “El Marginal” donde los héroes eran los delincuentes condenados que vivían en un servicio penitenciario.
Proceso Penal Acusatorio Adversarial
Cierto es que, en nuestra provincia, desde agosto de 2017 hasta el 26 de febrero de 2024, hemos caminado contracorriente en materia de “delincuencia edulcorada”. Ya con la plena aplicación del Proceso Penal Acusatorio Adversarial a la totalidad de los delitos cometidos en el territorio provincial, estamos siendo testigos de que “el que las hace las paga”. Era necesario que cada operador jurídico hiciera lo que tenía que hacer, que los fiscales dirijan las investigaciones con el apoyo policial y sostengan las acusaciones, que los defensores velen por los intereses de sus pupilos y que los jueces tomen las decisiones conforme a Derecho. Está quedando demostrado, es el único camino para lograr que “el que las hace las pague”.
Sin embargo, frente a esta innegable realidad, social y jurídica, no dejan de estar presentes aquellos que se mantienen en el campo de la retórica poética, pretendiendo negar la necesidad de castigar a quien debe ser castigado. Pues, como ya lo hemos dicho, es un “reclamo a gritos de la sociedad en su conjunto”.
A estos poetas del Derecho les fascina citar la última parte del art. 18 de la Constitución Nacional: “las cárceles serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas.”Parecen olvidar que esta norma, tal como hoy la leemos, fue redactada en 1811 (hace 213 años).
Creer en la ley
Hoy, claramente, los centros de detención deben ser sanos y limpios, deben resguardar la seguridad de los reos en ellos detenidos; pero en estos dos siglos, la sociedad clama a gritos por la necesidad del castigo. Nadie habla, ni mucho menos piensa, en un castigo inhumano, pero sí en un castigo que nos permita ver a todos los integrantes de la comunidad jurídicamente organizada lo que nos puede llegar a suceder si “persistimos en realizar las conductas que la ley amenaza con una pena”. Así, la pena/castigo, cumplirá también un carácter disuasivo del delito, pues creeremos en la ley.
Para concluir quisiera hacer referencia a la magnífica novela del autor ruso Dostoyevski, “Crimen y castigo”, en la cual, el protagonista Rodión Raskólnikov, después de haber cometido sus crímenes sangrientos, se entrega a las autoridades, sin perjuicio de la inexistencia de pruebas en su contra, y es condenado a cumplir su castigo en las cárceles de Siberia. Así pues, ante una inconducta, el castigo es tan necesario que, nos es impuesto o voluntariamente lo buscamos.
Por Juan Manuel García Castrillón
Abogado
