
En el siglo I antes de Cristo se produjo por casualidad el encuentro entre las civilizaciones China y la Helénica (antigua Grecia), en Uzbekistán (ubicada en Asia Central cerca del mar Caspio), antigua república soviética.
Quien produjo este cruce fue un delegado enviado para mediar en un conflicto, Zhang Qian. Esto dio origen a lo que hoy se denomina la "Ruta de la Seda", que fueron trayectos comerciales que conectaron los mercaderes con China y el Asia Central, India, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. El nombre deviene porque lo que mayor se comercializaba era seda desde China.
"Si quieres riqueza, primero construye caminos"
Así dice un proverbio chino. En el año 2013, China decide relanzar este proyecto, dada la importancia del tema ha sido incluido en la Constitución. En un principio este proyecto sólo se ceñía para países vecinos. A medida que ha ido creciendo la influencia del gigante asiático ha ido incorporando a más países. Con esto le permite ampliar las vías de comunicación hacia el oeste y por ende desarrollar sus regiones occidentales más empobrecidas, y con esta expansión amplía su presencia e influencia internacional. De hecho en la actualidad está financiando, a lo largo y ancho del mundo, 41 oleoductos y gasoductos, 199 centrales energéticas y 203 entre carreteras, puertos, puentes y líneas ferroviarias. A esta ruta se le ha agregado aparte de las vías terrestres y las vías marítimas, el desarrollo digital y con esto fortalece la infraestructura de Internet, profundiza la cooperación espacial, desarrolla en forma conjunta estándares comunes y hace más eficientes los sistemas de seguridad.
Por tierra, por mar y aire
China desde hace tiempo es protagonista de la economía mundial. Para profundizar la ampliación de la ruta, ha desarrollado proyectos tales como ampliar la red de trenes en Asia, en Indonesia, las islas de Java. A su vez conectará con el sudeste asiático, a través de Laos, Camboya y Birmania. Otro plan es la línea de tren más larga del mundo, sale cercano a las costas del Pacífico de la ciudad China de Yiwu y llega a Madrid, España, y a Londres, Gran Bretaña, recorriendo más de 13.000 km. Atraviesa siete países y tarda entre 16 y 25 días. Luego se ha invertido en el corredor China-Pakistán, donde los chinos tienen una salida al mar Arábigo y dejarán de hacerlo por el estrecho de Malaca, ubicado al sur de Asia (comunica el Océano Índico con el Pacífico). También ha hecho aportes en el desarrollo del puerto de Colombo en Sri Lanka, al sur de la India. Otro gran proyecto es hacer líneas férreas en Kenia y ya inauguró otra línea en Etiopía, donde a su vez, se construyó un centro logístico marítimo en el puerto de Yitubi, en el cuerno de África, sobre el mar Rojo.
Esta Ruta de la Seda ha sido suscrita por más de 90 países, de distintas regiones del mundo. Y según el Banco Mundial aglutina el 30% del PBI mundial, abarca el 62% de la población del planeta y el 75% de las reservas de energía.
América latina también es partícipe
Los países que también la integran son Panamá, Ecuador, Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, Costa Rica, El Salvador y Cuba, y recientemente la Argentina que se ha sumado tras la visita del presidente Alberto Fernández a China donde ha obtenido el compromiso de que por pertenecer a este megaproyecto global el país recibirá alrededor de 23.700 millones de dólares para financiar obras e inversiones. Es un hecho de que el país asiático lleva más de una década haciendo importantes inversiones en América latina, donde sus bancos de desarrollo han prestado US$ 150.000 millones en los últimos 12 años, para mejorar la infraestructura de puertos, caminos, diques, centrales eléctricas entre otras. Con esto China tendría sus objetivos fijados en la red ferroviaria, vial y comunicacional.
El estrechar vínculos con más países latinoamericanos, se debe en parte al vacío que dejó EEUU, a raíz de su política proteccionista, el repliegue comercial y la falta de inversiones en este último tiempo en la región.
