Ante el inminente ciclo lectivo 2014 e instalados ya en el Siglo XXI, el tema educativo desde sus actores merece un sinceramiento que acerque la enseñanza sistemática a un criterio de verdad comparativa que evidencie la situación del educador y destierre toda falacia o intento de confusión hacia quienes sin reparo alguno pretenden calificarse como expertos o peritos en materia pedagógica. Nuestro país está harto de "’pedagogos”, "’licenciados en Cs. De la Educación”, "’expertos en Administración Educativa”, "’ministros y políticos del área”, etc., que día a día toman decisiones sin asumir responsabilidades de los tremendos errores al que sumergen la educación en cuanto a sus responsables, delegados, ejecutores y garantes. La identificación de los términos profesor-profesional es tal que inmediatamente sugiere un ejercicio que demanda una formación superior especializada en tres aspectos: en el cursado de una carrera cuyo título docente le otorga la competencia, en la idoneidad pedagógica y metodológica por las prácticas fundadas en trabajos educativos que traduzcan un compromiso social y comunitario y finalmente en los procesos de transferencia educativa que se vinculan a la investigación en el propio campo. Por otra parte es absolutamente inadmisible pretender un debate académico en congresos o ámbitos de la política educativa que pretenda establecer semejanzas forzando los términos mencionados y extendiéndolos de manera imprudente para dárseles un grado de universalidad tal que se corresponda con quienes realizan tareas educativas. El hecho de haber cambiado en el lapso de diez años por dos veces de leyes que regulan la Educación Nacional no ha significado en consideración del educador entender que su preparación haya sido compatible con un perfil profesional por un lado y con las exigencias que requiere la calidad de la educación por el otro; cuando no ha revelado la incapacidad de ministros de la cartera educativa que han privilegiado al igual que gremios docentes la incorporación competitiva de "’expertos o profesionales” que en absoluto tienen que ver con la formalidad que requiere nuestro Sistema Educativo en cuanto a la enseñanza. Evidentemente hay responsables al momento de reconocer quienes son los que generaron confusiones al respecto y a qué nivel se generaron.
Por de pronto estableceré sus pretensiones que han desvirtuado el perfil del educador: *Siempre se entendió que los profesorados universitarios y superiores preparaban al competente en materia educativa (profesores egresados de profesorados). *Luego, desde las universidades se incorporaron especialistas capacitados que no eran profesores recibidos, *Más tarde nuestro sistema comenzó a concentrar profesionales que teniendo un colegio profesional o asociación previa desplazaron a los profesores. *Seguidamente las universidades eliminaban los profesorados en pedagogía y creaban las licenciaturas en educación (donde ninguna es docente) e inventaban los profesorados docentes para profesiones liberales sin ser de carrera pedagógica. *Recientemente se incorpora la "’formación docente” que desvirtúa la esencia de los profesorados, pretendiendo dar cabida a enseñantes bajo la ambigua denominación de docentes (término que desterró al del verdadero carácter el "’maestro normal”). Mientras este fenómeno impactaba la educación y a su principal actor, los gobiernos de turno y los gremios docentes, desterraban el concepto de profesor y lo sustituían por el de "’trabajador de la educación”, todo ello para sustentar una lucha exclusiva por la recomposición salarial o lucha por el sueldo. Por otro lado los "’pedagogos argentinos” se dividían en presentar la inexistente "’profesión docente” o la inviable "’profesionalización de la educación”. Evidentemente los opinólogos no respaldan ni con investigaciones ni con competencia pedagógica más que con política u oportunismo de llegar a un sueldo mensual sus livianas apreciaciones. Impresiona ya a esta altura como los padres de millones de niños -desde jardín hasta la primaria y de millones de jóvenes desde la secundaria a la universidad- como no pueden advertir que formación de profesor tiene el educador que está frente al aula. Es tiempo por bien de ellos y de la calidad de la educación que no se falte a la verdad comprobada de los listados docentes. Un gran aporte sería el de las Juntas de clasificaciones para sanear el gravísimo error de decisiones inescrupulosas de quienes son responsables de guiar los rumbos de la educación argentina.
(*) Autor de la Disciplina Artística Integrada. Orientador escolar. Filósofo, pedagogo, escritor.
