Hace un año, en un día como hoy, la Iglesia católica, la comunidad internacional y particularmente los argentinos, fueron sorprendidos por la fumata blanca que desde la cúpula de la Basílica de San Pedro adelantaba un anuncio trascendente: la elección de Jorge Mario Bergoglio como el Papa número 266 de la era cristiana y el primero no europeo en 1.300 años.
"Recen por mi”, fueron las primeras palabras del hasta entonces arzobispo de Buenos Aires, al presentarse ante una multitud de fieles y miles de periodistas de todo el mundo que aguardaban en la Plaza de San Pedro al sucesor de Benedicto XVI. El nuevo líder de la Santa Sede sorprendió tanto por el giro histórico adoptado por en la decisión del consejo cardenalicio, al pronunciarse por el prelado que llegó "del fin del mundo” como él mismo lo definió sino también por la imagen de austeridad que presagiaba un modelo transformador: vestido con una sotana blanca, sin las bellas casullas, mitras y zapatos rojos que usaban sus antecesores.
Al cumplirse el primer año de pontificado, el estilo, el pragmatismo y la personalidad carismática de Francisco no dejan de asombrar no sólo a los creyentes con entusiasta convocatoria sino a la humanidad toda que lo considera un estadista universal al haber rescatado los valores que enaltecen al ser humano, además de su labor ecuménica tras la relación y acercamiento con otros cultos. Pero también se erige como una irreprochable figura política, apasionada por la paz mundial, la justicia y los derechos humanos, que lo postula como candidato al premio Nobel de la Paz.
Es que con el renovado soplo de vida que significó para la Iglesia la llegada de Francisco al Vaticano, se han renovado las expectativas centradas en la fe gracias a la humildad, franqueza, trabajo incansable y gran capacidad de comunicación. Para el mundo el Papa se ha convertido en un referente tan importante en la búsqueda de la paz y la justicia social, como lo justifica el honor de ser el "personaje del año 2013”, según los principales medios de prensa del mundo, basado en la opinión de la gente.
Francisco acercó la Iglesia al hombre común con un mensaje esperanzador, como lo hizo en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, mostrando una dinámica diferente a los pontificados de los últimos siglos, con un proceso cultural y eclesiástico, como una mística que ilumina en camino de esperanza hacia un mundo mejor.
