Vivimos en un mundo en crisis, pero de grandes posibilidades. La palabra crisis ya resulta casi naturalizada en nuestras conversaciones cotidianas. Precisamente, recuerdo cuando profesores me hablaban de que se quería hacer de Latinoamérica un nuevo África. Vaya que si lo están logrando. He oído que intelectuales hablaron por el mundo de un "carácter casquivano de la clase media, que se buscan a ellos mismos". O, frases de una Argentina inmersa en una encrucijada, "entre aquellos que quieren el cambio y otros que quieren quedar inmerso en el atraso".
Oportunamente, si repasamos la historia, la Argentina estuvo siempre inmersa en medio de una lucha de ideales hegemónicos neoliberales-conservadores, y de una populista, entre los sectores más vulnerables de la sociedad. Y, en 34 años de democracia, el país de los inmigrantes se alternó en 8 años de radicalismo, 24 años de peronismo, y casi dos años de macrismo con partidos tradicionales, ahora casi destruidos. Es decir, desde la última dictadura militar del 76 para acá, el incremento de la pobreza pasó de un 18% a un 30%. La idea de reducir el gasto público para generar menos déficit y crear empleo privado fue la promesa de los últimos gobiernos democráticos ¿Cuál fue el resultado? Los mismos números son contundentes, cuando la mayoría tiene que recurrir al Estado, como un garante de estabilidad.
Es decir, es tal la desesperación del neoliberalismo latinoamericano por subsistir ante los grandes cambios, que ahora los intereses resultan ser solamente de la clase media. Habría que recordarles que la gente trabajadora fue la que puso el lomo por el país en los momentos más duros.
Atacar a la clase media es declararle la guerra eterna divisionista al país, porque ello es lo que nos distingue en estos tiempos, de ser un nuevo África. La gente no capta limosna con gusto, sino que muchas veces, no le queda otra. Como bien dice una frase popular "la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer".
Tal vez, alguna vez el dirigente tendrá que entender que fue mucho el sacrificio que hicieron por el país, pero ello no alcanzó. Ya no basta que universitarios adinerados digan que tienen experiencia en los barrios bajo fuego del conurbano bonaerense, y del interior del país, por golpear la puerta de las casas. Tampoco basta con tirar ideas al aire si subestiman al pueblo. A mucha gente no le gusta "que le mojen la oreja". Y, si bien es cierto que hubo un empoderamiento de algunos sindicalistas particulares, también los hubo de varios dirigentes. Mucho dinero se robó, y es grande la ilusión, que se ha robado a la gente. Es más la desconfianza que hay, a quedar en el atraso.
El universo en tiempo de crisis necesita de ideas sólidas. El mundo actual de los economistas, ya no de los filósofos políticos (legado del pensamiento de Maquiavelo), necesita de la ética, que es dejar de lado la especulación, pensar en otra alternativa económica. El porvenir argentino vendrá de la mano del obrero, pero también de aquellos que cuentan con los medios necesarios.
Si el que tiene recursos olvida, estaremos condenados a la soledad injusta, en la multitud de un nuevo África. El ajuste de cuentas con la pobreza será eterno.
