Y no es un fenómeno que se limite a Trump en Estados Unidos. Ya sea Vladimir Putin en Rusia, Viktor Orban en Hungría, Recep Erdogan en Turquía, o la líder opositora francesa Marine Le Pen, hay una nueva camada de líderes xenófobos en todo el hemisferio norte. Puede que se deba a una creciente brecha entre los más ricos y los no tan ricos, pero mucha gente en estos países está enojada, y buscan respuestas en dirigentes populistas xenófobos. En la mayoría de los casos, estos líderes arremeten contra los extranjeros, se oponen a los acuerdos de libre comercio, prometen traer de vuelta épocas de oro reales o imaginarias, acusan a los medios independientes de estar al servicio de oscuros intereses, y se presentan a sí mismos como salvadores de la patria.
En América latina, por el contrario, la gente se está cansando de los líderes carismáticos, al menos por ahora. En Venezuela, el fallecido Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, no sólo arremetieron contra las libertades fundamentales, sino que destrozaron la economía. En Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, otros líderes carismáticos debilitaron las instituciones democráticas, dando rienda suelta a la corrupción gubernamental.
Sin embargo, los vientos políticos están cambiando en la región. Argentina recientemente eligió a Mauricio Macri, un ingeniero que dice que él solo no puede resolver los problemas del país. En Venezuela, la oposición arrasó en las elecciones legislativas del 6 de diciembre, y se comprometió a acabar con el ciclo populista autoritario que lleva 17 años en el país.
La estrategia de Trump es puramente mediática. Hace declaraciones escandalosas casi a diario para colocarse en el centro de la agenda de los medios, y poner a sus rivales políticos a la defensiva. Cuando al día siguiente los comentaristas señalan que las declaraciones de Trump son medias verdades o mentiras como que la mayoría de los indocumentados mexicanos son criminales o violadores, arremete contra la prensa y la culpa por presuntamente tergiversarlo.
Como la mayoría de los populistas, Trump culpa a los extranjeros de los problemas internos. Afirma que hay una avalancha de indocumentados, a pesar del hecho de que todos los estudios muestran que el número ha disminuido en los últimos siete años. Los líderes populistas necesitan un enemigo externo, para presentarse a sí mismos como líderes de una causa nacional.
Trump es un egomaníaco. No tiene programas concretos, ni un equipo de expertos. Todo está centrado en él. Su palabra favorita es ‘yo”. (En su lanzamiento de campaña dijo 220 veces la palabra ‘yo”). Todo se basa en la discutible premisa de que él es el mejor, y que sus rivales son supuestamente ‘estúpidos”, ‘idiotas”, o vendidos a intereses especiales.
