La decisión del gobierno de Barack Obama de permitir a una petrolera multinacional a realizar trabajos en el Océano Ártico tiene profundas implicancias ambientales, políticas y económicas, porque se contraponen con la lógica de un país que ha logrado su autobastecimiento energético y pregona campañas en favor de la ecología. Y menos lo justifica la rentabilidad, en momentos que el precio del crudo sufre una caída histórica.
El despeje del hielo ártico está llevando a muchas especulaciones geopolíticas en la costa Este de América del Norte y aviva las apetencias de los vecinos, en particular Rusia, Japón y los países nórdicos, apresurados a reclamar zonas económicas exclusivas en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Pero la extracción de petróleo en el Ártico conlleva varios riesgos operativos que potencian daños ambientales hacia una catástrofe ecológica de magnitud.
Si bien en esa área desaparece el hielo durante el verano, lo que anima a instalar una plataforma petrolera, en la mayor parte del año proliferan los icebergs desprendidos de los glaciares que se van derritiendo y ahora son más comunes y de mayor tamaño. El clima inhóspito se combina con la aparición frecuente de tormentas de nieve, aumentando las probabilidades de que se generen explosiones de gas y derrames. Una situación imprevisible podría ser peor que el desastre ocurrido en 2010 en el Golfo de México y sin contar con la disponibilidad de recursos cercanos para contener incendios ni frenar pozos incontrolables.
En lo inmediato, las vastas reservas de combustibles fósiles y minerales del Ártico se están volviendo mucho más accesibles pero también seriamente conflictivas con incidentes diplomáticos como el originado por los activistas de la organización Greenpeace, tras abordar una instalación de Rusia ubicada en aguas de la zona. Por eso sorprende la decisión de Obama por ser contradictoria con la misma política proteccionista impulsada por la Casa Blanca.
El presidente estadounidense ha manifestado públicamente su empeño en trabajar por un acuerdo internacional sobre el efecto invernadero y en su país ha protegido tierras públicas vedando el avance del mercado inmobiliario. Resulta incomprensiva esta autorización a Shell para incursionar en el Ártico cuando EEUU es líder en la técnica de perforación multidireccional, o hydro-fracking (fractura hidráulica) como la que se aplica en Vaca Muerta.
