Casualmente o no, dirigentes del núcleo K han tenido en cuenta a San Juan esta semana. Estuvo la presidenta del bloque del Frente para la Victoria de la Cámara de Diputados de la Nación, Juliana Di Tullio, y el mismo día, por distintos motivos, llegó el gobernador de Entre Ríos y precandidato presidencial, Sergio Urribarri. Y antes pasó apenas por unas horas el gobernador de Buenos Aires y presidenciable, Daniel Scioli. ¿Qué sensación dejaron a los peronistas locales? Varias y muy concretas: que Cristina Fernández no frenará las internas, que el peronismo se alista para el "después de CFK" y que, por ahora, el kirchnerismo tendrá que bancarse la candidatura de Scioli, porque es el que mejor mide en las encuestas.

Urribarri y Gioja mantienen una relación que va y vuelve dependiendo de las épocas. El año pasado el sanjuanino estuvo en medio de la polémica al no desestimar, en una entrevista radial, la posibilidad de que el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, juegue una interna por dentro del peronismo. Salieron en fila a pegarle. Uno de los que primereó con el rechazo a ese planteo fue, justamente, el gobernador entrerriano. Pero esta semana en San Juan el mismo Urribarri se mostró satisfecho y comprometido en el proyecto sanjuanino sobre el túnel a Chile a baja altura por Agua Negra. La visita del precandidato fue doble: vino a firmar la continuidad de un acuerdo entre provincias que se mantiene desde hace años y por la tarde estuvo en un acto político promovido y armado por el senador Ruperto Godoy, quien ya ha dicho que le jugará una interna a Gioja por la gobernación. Es más, en una entrevista con este diario, Urribarri alzó la mano del senador como su "hombre" en la provincia. Y fue más allá: "Soy recíproco, Godoy es mi candidato en San Juan", dijo. Y lo sentó al legislador entre los dirigentes que lo apoyan, que no es lo más conveniente para el senador, mucho más cuando el entrerriano no sube en las encuestas. Como se demuestra, Gioja y Urribarri tienen buenos y malos días, dependiendo de la necesidad política de cada uno. Aunque no se desconocen, hay que admitirlo.

La diputada Di Tullio fue a Rawson, invitada por el intendente Juan Carlos Gioja. Di Tullio es quien maneja el bloque del FpV en Diputados, tiene línea directa con la Presidenta y es una de las más sólidas comunicadoras y defensoras del proyecto K. Se la podría describir diciendo que es, en sí misma, todo un cuadro político de esos que se forman en las filas del kirchnerismo y que son capaces de entregar la vida por el proyecto. Claro, en éste como en otros casos, habría que verla en esa situación, para terminar de afirmar semejante compromiso.

Las charlas que mantuvieron con los dirigentes provinciales fueron muchas y, a pesar de que los peronistas suelen ser muy reservados cuando la información los involucra, se escaparon un par de interesantes definiciones: tanto Urribarri como Di Tullio vinieron a una provincia cuyo gobierno, se sabe aunque no se dice, está apoyando a Scioli. Tal vez por eso o porque es la línea nacional, no se sabe, ambos en distintos lenguajes y gestos se mostraron afines a no perder la relación con el peronismo "de Scioli" en San Juan y mantuvieron la idea de que el gobernador bonaerense es un candidato con chances. Hubo esta semana un par de episodios que parecieron hablar de un distanciamiento entre el sciolismo y el kirchnerismo, pero parecen más balas de salva que otra cosa: algún alfil del bonaerense salió a decir que los hombres K no les habían dejado presentar listas de candidatos en las adelantadas elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. En San Juan todos creen que fue una jugada de los hombres del mandatario, porque sabían que su candidato, Gustavo Marangoni, no juntaba ni cinco votos frente a los monstruos del Pro y los postulantes inflados del kirchnerismo. ¿Será? Nadie puede afirmarlo, pero la verdad que una derrota del sciolismo en la primera elección grande del país este año no se vería bien. Si no fue una jugada de los hombres de naranja, igual les sirvió. Es decir, todos los gestos son a favor de cuidar a Scioli, como dejaron en claro quienes vinieron a la provincia esta semana, incluso el propio Urribarri, quien empezó compitiendo con el bonaerense, pero ya sabe que no llegará a los votos necesarios, ni de casualidad.

La otra definición que quedó de las visitas fue que Cristina Fernández no va a intervenir en la interna hasta que haya un ganador, que es la idea que propicia Scioli. Florencio Randazzo, el otro candidato K, se ha cansado de pegarle al bonaerense buscando el caos, casi forzando una intervención nacional, la que al menos, hasta ahora, no se ve que vaya a ocurrir. O, es probable, buscando contagiarse de los votos de quien va arriba en las encuestas. Scioli ha preferido señalar como enemigo a Mauricio Macri. Y el jefe de Gobierno porteño ha levantado el guante. Chau Randazzo. Y lo último, y la tal vez lo más jugoso, es que el peronismo espera que Cristina se corra de su lugar de preponderancia en el PJ. Algunos alfiles kirchneristas ya dijeron lo contrario, pero se nota que los hombres del PJ quieren que Cristina ocupe un lugar institucional importante como, por ejemplo, una banca parlamentaria del Mercosur, que a ella le encanta, pero nada más. Será una lucha interesante la que se dará en torno al PJ, ya que no van a permitir que siga comandando el peronismo, porque quieren que, como es costumbre en el partido, quien mande puertas hacia adentro sea el mismo que mande institucionalmente. En pocas palabras, quieren todo.