Como una prueba pregunté a mi esposa cuál había sido el día más feliz de su vida. Quedó pensando, no me supo responder, ¿Y el peor? Al instante, cuando me avisaron la muerte de mis padres. Nunca olvidamos ni cuándo ni quiénes nos hicieron sufrir. Y Alberto y Cristina nos hicieron sufrir. A veces el gobernante, como el médico, tiene esa tarea, no es que sean malvados o que disfruten el dolor ajeno. La cuestión es cómo administran esa mala noticia y aun así las más de las veces la delicadeza no alcanza y la respuesta del afectado es de bronca. Por esa razón, el genio de Alfonsín, a quien gustan referir de vez en cuando en el kirchnerismo, incluyó en la Constitución la figura del Ministro Jefe de Gabinete confiriéndole la responsabilidad que en países de gobierno parlamentario tiene el Primer Ministro. Ese Primer Ministro es quien anuncia las cosas malas protegiendo la figura del Presidente quien representa la continuidad del Estado. Ese Primer Ministro se va su casa ante cualquier metida de pata o cualquier problema mal resuelto. Pero aquí no, Fernández decidió cargarse todo a los hombros y más aún cuando comenzaron a darle bien las encuestas. "Yo quiero cuidar a los argentinos". "La economía se recupera, la vida no". "Argentina te cuida". El problema vino cuando se comprobó que ni la economía ni la vida. Un manual básico de comunicación institucional recomienda buscar siempre el costado positivo de las cosas o, en todo caso, si no hay más remedio, dejar los anuncios feos para figuras menores, no para el Presidente del Directorio de la empresa. Ese Presidente tendrá la tarea de designar a un CEO más eficaz o más convincente. Winston Churchill contribuyó a ganar la II Guerra Mundial con grandes esfuerzos, pero perdió las elecciones en su país. De Gaulle, que estuvo fuera de Francia, las ganó. En los días posteriores a las elecciones primarias del pasado domingo, estamos viendo intentos variados de cambiar el resultado adverso para el gobierno nacional, algunos sugieren poner plata en el bolsillo de la gente aumentando el salario mínimo o pagando bonos a los jubilados, otros pidiendo más militancia a gobernadores e intendentes, pero nadie reconoce que el problema son Alberto y Cristina y que eso no tendrá solución. Alberto nos hizo encerrar de prepo a todos como si San Juan fuera igual a Caballito o Iglesia igual a La Matanza. Salir de casa de incógnito a visitar hijos o nietos, padres o abuelos, incrementar la angustia de la soledad a gente que ya estaba sola, abandonar la escuela a los niños, perder el negocio o la changa a los padres, caer en la degradación moral de tener que esperar un bolsón de mercadería para comer, soportar que un dron vigilara nuestras cabezas para ver si estábamos cumpliendo con el encarcelamiento innecesario luego del primer mes, caminar por las paredes de una casita o un departamento de 50 metros con dos chicos e intentar estudiar por el celular, esperar un IFE del Estado para poder pagar los sueldos. De eso no se vuelve, no se volvería aunque hubiera estado justificado. Eso debió quedar a cargo del Jefe de Gabinete cuya figura hubiera pagado el precio político, quedado desgastada, tan rota que hubiera debido alejarse para dar nuevos aires a un nuevo gobierno. No, el Presidente se hizo cargo de todo. Por si faltaba algo no se dio el ejemplo. Cuando la revolución cubana tomó el mando no había en la isla nada para repartir. El Che dijo: "entonces hay que repartir moral" y salía a las 4 de la mañana a proletarizarse cortando caña de azúcar y a las 7 partía para el Banco Central. No fue el caso de Alberto que mientras jardineros, albañiles, empleadas domésticas, changarines no dormían pensando cómo llevar la comida a su casa no dudaba en gastar 700 mil pesos en botellas de champagne Cristal importado de Francia para brindar en el cumpleaños de su pareja. Sí, vale 145 mil pesos cada botella y había 6 en la mesa de la famosa foto, levante la mano quien crea que pagó de su bolsillo. Debemos insistir en citar el hecho penal de violar su propio decreto que prohibía las reuniones y los desplazamientos de personas no esenciales o la presencia cotidiana del entrenador de su perro o de la colorista del pelo de su pareja. De eso no se vuelve, en cualquier otro país la crisis política no hubiera esperado a unas elecciones. Cualquiera que haya pisado alguna playa entendió que las olas no son retráctiles, que una vez que inician no se detienen hasta calmarse en la playa y que cuando no hay playa, van destruyendo el acantilado con paciencia pero con firmeza. Lo que ha comenzado contra el gobierno nacional es una ola que tampoco se detendrá por algún tiempo y no tendrá efecto alguno buscar una o varias causas para desactivarla. Tampoco es tema de las administraciones provinciales o municipales. Una prueba, Susana Laciar era prácticamente desconocida ni qué decir de Marcelo Arancibia. Fue insistente la sugerencia de que el candidato de Juntos por el Cambio fuera Rodolfo Colombo por medir mucho mejor en las encuestas y Consenso Ischigualasto se fundó casi a las apuradas pocos días antes de las primarias. Casi no hubo campaña. El problema son Alberto y Cristina que ahora se han enroscado en una batalla interna más dura que contra la oposición, ya no interesamos nosotros, como ha denunciado la Iglesia, es sólo una lucha de poder. Nos siguen haciendo sufrir.