El Episcopado Argentino emitió un nuevo documento al concluir su 104ª Asamblea Plenaria en el que a través de seis puntos se señalan algunos síntomas de la crisis moral y cultural que persisten y destaca que los argentinos corremos el peligro de dividirnos nuevamente en bandos irreconciliables. Observa el temor a que se acentúen estas divisiones y se ejerzan presiones que inhiban la libre expresión y la participación de todos en la vida cívica. Además, afirma que se hace cada vez más necesario generar contextos de encuentro, de diálogo, de comunión fraterna que nos permitan reconocernos y tratarnos como hermanos, aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Algunos referentes del Gobierno nacional expresaron que lo señalado en el documento son temas que todos conocemos y que a la población no le interesa lo que puede decir la Iglesia. No parece ser esta una actitud de respeto hacia quien opine diferente u observe temas que pueden preocupar a un vasto sector de la población. Pero sucede que la Iglesia en Argentina ha perdido incidencia en el pueblo. En no pocos miembros de la jerarquía se observan conductas incoherentes y poco transparentes.

El 2 de abril de 2009, Benedicto XVI les decía a los obispos argentinos que el testimonio claro de una vida coherente y ejemplar es un don precioso que ellos deben ofrecer a sus comunidades en el camino de la verdadera renovación de la Iglesia. Para ser creíble y profética, la Iglesia en Argentina debe recuperar el ardor evangelizador. El documento episcopal sólo menciona aspectos negativos de la realidad. La honestidad exige subrayar varios aspectos positivos del gobierno a favor de los más débiles, como el Plan Asignación Universal por hijo, el Plan Nacer para reducir la mortalidad materna e infantil, el Plan Sumar, de cobertura sanitaria a embarazadas, niños y adolescentes de hasta 19 años y mujeres hasta los 64 años.

En la encíclica "Sollicitudo rei socialis" (n.41), Juan Pablo II aclaraba que el "anuncio" es siempre más importante que la "denuncia", y que ésta no puede prescindir de aquel, que le brinda su verdadera consistencia y la fuerza de su motivación más alta. También la oposición política critica y denuncia, pero la realidad no se transforma con quejas sino con propuestas realizables para trabajar todos en búsqueda del bien común.