El magnífico edificio de Obras Sanitarias de la Nación (OSN), llamado también "El palacio de las Aguas Corrientes", ocupa la manzana de las calles Córdoba, Río Bamba, Viamonte y Ayacucho, en la Capital Federal.

Es una construcción muy singular, porque cumplió con el objetivo de que no quedaran a la vista los tanques abastecedores de aguas corrientes de la ciudad de Buenos Aires. Se enmascaró ese depósito con una fachada palaciega.

Se construyó entre 1887 y 1894. Alberga doce tanques metálicos ubicados simétricamente en tres pisos en cada esquina del edificio, con una capacidad de 72 millones de litros de agua.

El aspecto es de una gran mansión, cuyas puertas y ventanas son solamente una escenografía para que no se vea el gran depósito de agua.

El autor del proyecto fue el arquitecto noruego Olaf Boye, que trató de ocultar una construcción utilitaria.

La fachada está totalmente cubierta con mayólicas y azulejos. El frente sobre la calle Córdoba y el contrafrente sobre la calle Viamonte son idénticos.

El techo de pizarra verde y las cerámicas fueron traídas de Europa. La ostentosa fachada está revestida con más de 130 mil ladrillos esmaltados y 170 mil piezas de cerámica. Una especie de rompecabezas arquitectónico importado de ese continente.

Las tonalidades terracota de la planta baja, se realzan con el ocre de los sectores que sobresalen de la fachada, las pilastras. Hay contraste entre las tonalidades vivas y pálidas, con celestes verdosos en los paños horizontales. Se sumaron a la decoración ocho cariátides de hierro fundido. Para preservar la visión nacional, se colocaron escudos en relieve de cada una de las provincias argentinas.

Es un ejemplo de la arquitectura ecléctica de fines del siglo XIX, testimonio del lujo ornamental de la época. Actualmente funciona como oficinas y museo.

Este edificio, de gran impacto visual, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1987.