La crisis por la que atraviesa la Unión Europea (UE) en éstos momentos tiene a Grecia en el centro de las discusiones como la mayor preocupación del resto de los miembros. Pero no es la primera vez. Recuerdo que cuando se presentó la solicitud de ingreso a la entonces Comunidad Económica Europea, lo que se confirmó en 1981, Grecia, junto con Portugal eran los dos países "más pobres” entre los más importantes, al margen de los del Este que hasta ese momento (tiempos de la URSS y sus satélites) no podían aspirar a ser "europeos oficiales”.
Sin embargo ya entonces se seguía cumpliendo aquello de Joseph E. Renán (filólogo, filósofo e historiador francés) de que Grecia siempre conserva "su optimismo sonriente”, como lo ratificó también en su maravillosa obra, "Bosquejo psicológico de los pueblos europeos”, editado a principios del siglo XX, y que puede consultarse en San Juan, el filósofo francés Alfred Fouillée: "Este pueblo tiene siempre veinte años”, y aún en ciertos aspectos merece lo que le decía el sacerdote egipcio a Solón (N del R: 638 – 558 a/C, uno de los siete sabios de Grecia): "Oh griegos, son unos niños”.
Incluso se suele decir hoy popularmente en Europa que el griego es más simpático ¡que el español o el italiano!, y que tiene dulzura y humanidad, quizá como herencia de aquel genio heleno, el más rico de la antigüedad.
Por otra parte, todo el mundo sabe que han sido artistas del pensamiento, como de tantas cosas que legaron a la humanidad. Entonces, ¿no cabe preguntarse por qué no consiguen levantar cabeza en las últimas décadas, en el último siglo? Probablemente porque, además, han vivido mucho tiempo sin querer asociarse a Europa, reforzando una individualidad que caracteriza a muchos europeos, especialmente a los ingleses, pero que en ellos se nota demasiado. Sus gobiernos, después de la caída por rechazo popular de la ineficaz monarquía (1974) han sido caóticos en general. Incluso más que los últimos gobiernos italianos. Recuerdo haber seguido de cerca desde Madrid, como periodista, las historias de Andreas Papandreu, primer ministro entre 1981-89 y 1993-96, que se enamoró de su secretaria, y ésta terminó manejando el poder con amplios espacios de decisión. O las desordenadas administraciones que le han sucedido hasta llegar a este cuadro socioeconómico desesperado (denominado "crisis de confianza” ya en 2010), frente al cual, en estos días, Alemania acaba de acusar al gobierno de Atenas de no dejarse ayudar en materia técnica para salir del pozo.
A pesar de todo, el segundo rescate de la Unión Europea sobre Grecia, está llegando tras duros ajustes, que incluyen un resistido recorte adicional a las jubilaciones. Frente a todo esto, el célebre músico Mikis Theodorakis, acaba de pronunciar un duro discurso para denunciar que su país sufre hoy por "las grandes heridas de la economía que provocaron el excesivo gasto militar y la corrupción de una parte del mundo político, financiero y de los medios. Pero también -dijo- son responsables Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, que ganaron miles de millones de euros vendiéndonos año tras año equipamiento militar”.
Más allá de las causas de la crisis, la República Helénica, cuna de la civilización occidental, inicia un duro camino, pero esta vez bajo el estricto control de sus socios del "Viejo Continente”. Sin embargo, parecen convencidos de que se recuperarán pronto, aún en medio de crecientes protestas populares. Es que quizá ellos, que supieron tanto de belleza, sueñan con esa otra forma de magnificencia, que también conocen y que no quieren dejar escapar: una vida en paz. Será porque viene de ellos la diosa de la paz, Eirene, nombre que en la antigua Grecia significaba precisamente Paz, pero mucho más que "ausencia de guerra”.
