Cuando éramos niños, uno de los entretenimientos que nos volvía locos de alegría y emoción, era ir al cine a ver películas, noticieros y episodios. Por suerte, a una cuadra de mi casa teníamos el famoso cine “Chimborazo”. Funcionaba al aire libre, con intensas noches estrelladas y un cierre perimetral con cuatro paredes de adobe. Estaba ubicado en la esquina de Chile (ahora Pedro Cortínez) y Leandro Alem, frente a la bodega de López Peláez. El ingreso se hacía por la calle Chile. El dueño del cine era Domingo Parodi, quien tenía otro cine con el nombre de “Tupungato”, en calle 25 de Mayo y avenida Rawson. El administrador del Chimborazo era don Cayetano Silva, quien controlaba las entradas.

 

 

El “Chimborazo era uno de los tantos cines que abundaban en San Juan por la década de 1950 en casi todos los departamentos de la provincia. Y, al aire libre, porque, como es sabido, el verano sanjuanino es muy caluroso y qué mejor aprovechar el fresco de la noches para gozar de una película con el cielo como techo.

Ya desde de las 21 horas promocionaban las películas. Ponían música de fondo a todo volumen. Todavía retumban en mis oídos las canciones de Libertad Lamarque, con su “Madreselva”, “Nostalgia”, “Besos Brujos” o de Tita Merelo, con “Se dice de mí”.

El cine funcionaba todas las noches desde las 22, aproximadamente. Proyectaban dos películas, un noticiero y 1 capítulo por noche de alguna serie hecha en “episodios” tales como “Tarzán”, “La araña negra” o el “Zorro”. La función terminaba como a las 2 de la madrugada.

La entrada era económica y la gente concurría en familia. Los asientos eran sillas esterilladas. Fue un símbolo de la época en esa barriada del “Pueblo Viejo de Concepción” y el centro de encuentro de muchos profesionales y deportistas. Ocurre que su ubicación era estratégica, rodeada de clubes deportivos como Peñarol, San Martín, Árbol Verde, Urquiza y Ferroviarios. A su alrededor habían algunas “casas de cita” y quién no conocía en ese entonces la existencia de prostitutas famosas como “La Rebeca”, “la Rosa” y “la Celeste” esta última la más renombrada. 

Al cine concurrían famosos boxeadores como el “loco Barrios”, Merenda, Miguel Rodríguez, Federico Guerra y Elio Ripoll entre otros. Como nosotros éramos varios hermanos mi papá no podía pagarnos la entrada a todos. Por ello una costumbre arraigada, en los que no podían pagar, era ver las películas trepados arriba de algún árbol que estuviera cerca, y en verdad había varios y frondosos. 

Yo madrugaba con mi hermano o algún amigo para esperar que el encargado del cine, don Cayetano Silva, abriera y de esta forma éramos los primeros en ofrecernos a llevar la “cartelera”. Así le decíamos a un armazón triangular en cuyas 2 amplias caras se pegaban los afiches con la propaganda de las películas que se exhibirían toda la semana. Por ese “trabajito”, nos recompensaban con la entrada gratis. 

Hay muchas anécdotas más para contar de este cine. El “Chimborazo” fue un ícono de la época como centro comunitario, más allá de sus películas, se usaba para los bailes de carnaval donde a su alrededor se ubicaban las sillas de totora con sus respectivas mesas y se realizaban bailes de máscaras, dominós, papel picado, albahaca y los infaltables pomos de goma, la gente arrojaba agua sobre las paredes desde afuera y todo era diversión, no había enfrentamientos personales.