Tras 16 años consecutivos de una democracia fortalecida y una proyección internacional de potencia emergente, Brasil ha marcado un cambio histórico al elegir a la primera mujer al frente del Gobierno federativo y con la promesa de mantener el rumbo del notable desarrollo alcanzado en los dos períodos de Luiz Inacio Lula da Silva. Las políticas de Estado inclaudicables, ante los recambios constitucionales, son el perfil del crecimiento y también del enorme desafío que implica el legado que recibe Dilma Rousseff.
La nueva presidenta no es una improvisada en la política. Tiene una vieja militancia y su avasallante personalidad, mas los principios apuntalados en el Partido de los Trabajadores, le valieron ser escogida por Lula para sucederlo. No es un dato menor, cuando el presidente saliente se va con el 80% de aprobación de la ciudadanía, gracias a ocho años de gobierno con logros extraordinarios, al no apartarse de las políticas proyectadas por Fernando Enrique Cardozo, no obstante sus diferencias ideológicas.
Por ello el desafío de Dilma Rousseff frente a esta continuidad política e histórica, se agiganta. Deberá responder no sólo a mantener los niveles de crecimiento sino dar respuesta a deficitarias cuestiones sociales que Lula no pudo solucionar, o no tuvo tiempo, como las desigualdades y la pobreza, el crecimiento de la corrupción, la inseguridad y alcanzar las metas pendientes en la educación.
La transformación brasileña, producto de una continuidad política irreprochable, le vale el título de octava potencia económica del mundo, con un crecimiento similar al de India y China. Rousseff tiene por delante revalidar y, más todavía, ampliar la presencia de Brasil en el difícil plano internacional y particularmente en la integración regional desde el Mercosur.
La nueva presidenta ha reafirmado el valor de la libertad de prensa como sustento de las libertades republicanas y ha prometido profundizar los programas destinados a acortar las desigualdades sociales de los 190 millones de habitantes del país más grande del subcontinente.
Habrá que esperar cómo reacciona esta mujer con una personalidad diferente y menos paciente y pensante que su antecesor, pero con idénticos puntos de vista políticos e institucionales. Pronto la conoceremos plenamente.
