El 17 de agosto de 1850 cayó en sábado, el General se levantó sereno y con las fuerzas suficientes para pasar a la habitación de su hija, donde pidió que le leyeran los diarios, que el estado de su vista no le permitía desde mucho tiempo leer por sí mismo.

Hizo poner rapé en su caja para convidar al médico que debía venir más tarde, y tomó algún alimento. Nada anunciaba en su semblante ni en sus palabras, el próximo fin de su existencia.

Después de las dos de la tarde el General San Martín se sintió atacado por sus agudos dolores. El Dr. Jordán, su médico, y sus hijos estaban a su lado. El primero no se alarmó y dijo que aquel ataque pasaría como los precedentes. En efecto, los dolores calmaron, pero repentinamente el General, hizo un movimiento convulsivo, indicando al Señor Balcarce, que alejara a Mercedes a quien le alcanzo a decir, "ésta es la fatiga de la muerte". Y a su yerno: "Mariano, a mi cuarto", y expiró casi sin agonía.

Había muerto el hombre que dio la libertad a medio continente sudamericano, pero también aquel que modificó la estructura de nuestra provincia.

Transformó a Mendoza, San Luis y San Juan en polos de fuerte desarrollo económico.

El Dr. José Ignacio de la Roza en su condición de Teniente Gobernador de nuestra provincia, fue el encargado de llevar adelante el plan de gobierno de San Martín, con el objetivo de revertir profundamente la situación política, económica y financiera de San Juan. La tarea no resultó fácil, en tanto que el sacrificio que se le exigió a los habitantes fue notable. San Martín, entendió la necesidad e importancia del desarrollo minero, de nuestra provincia, fundamentalmente para la conformación de su Ejército. El cobre y el plomo, pasaron a ser prioritarios para el objetivo bélico emancipador.

La explotación de la minería fue desde ese momento una actividad condicionante del plan estratégico militar.

El gobierno de San Juan, formó una Compañía para llevar adelante los trabajos de explotación y extracción de los minerales.

Por otra parte, estableció una contribución directa sobre el capital; se debía declarar el valor de las propiedades bajo pena de ser condenados a pagar el doble de lo que les correspondía, en caso de omitir o falsear esa declaración.

Estableció un impuesto en las exportaciones, consistente en dos pesos por cada barril de aguardiente y un peso por cada barril de vino. Impulsó una política de promoción del desarrollo de la agricultura, por entender la importancia de la actividad en la región cuyana.

Uno de los problemas a solucionar, era el del riego, para lo cual se fue construyendo un sistema de canales, con el objeto de encauzar las aguas que bajaban de la Cordillera de los Andes. Así se colonizó Pocito y Caucete, construyéndose los canales que llevan el nombre de aquellos lugares, actualmente importantes departamentos agrícolas de San Juan.

Félix Frías, testigo presencial de la muerte relata: que tuvo la dolorosa satisfacción de contemplar los restos iluminados de este hombre, cuya vida estará escrita en páginas tan brillantes de la historia americana. Su rostro conservaba los rasgos pronunciados de su carácter severo y respetable.

El cadáver fuese embalsamado y preparado para ser transportado. El 20, a las seis de la mañana, el carro fúnebre recibió el féretro y fue acompañado en su tránsito silencioso por un modesto cortejo. Seis hombres vestidos con capotes de color negro, marchaban de ambos lados. Detrás iban el Señor Balcarce llevando a su derecha al Señor Darthez, antiguo amigo del General y a la izquierda al Señor Rosales, encargado de negocios de Chile.

Marchaban enseguida Don José Guerrico, un joven de Buenos Aires hijo de su hermano Don Manuel, el Doctor Gérard y el Señor Seguier, vecinos ambos de Boulogne. El acompañamiento era humilde y propio de la alta modestia, tan digna compañera de las calidades morales y de los títulos gloriosos de aquel hombre eminente.

Había muerto el más grande de los grandes argentinos.

Considero oportuno finalizar esta nota invitando al acto que se realizará hoy, a las 14.30, frente al Monumento Ecuestre del Parque de Mayo, para rendir homenaje al prócer.