La comunidad internacional ha recibido con estupor el ataque artero perpetrado por un grupo talibán a una activista paquistaní de 14 años, que lidera en el Norte de Islamabad un movimiento juvenil en defensa de la educación de la mujer, para que pueda alcanzar mejores condiciones de vida, lo que es rechazado por el fundamentalismo islámico.
El atentado talibán del martes último contra Malala Yousufzai, quien sobrevivió milagrosamente a los disparos de militantes religiosos enmascarados que interceptaron un ómnibus escolar y preguntaron por ella para matarla, se inscribe en las páginas oscuras de un sector radicalizado del islamismo que niega a la mujer el protagonismo social que tiene en otras culturas, incluyendo al propio mundo musulmán. La educación es el punto de partida de todo ser humano para cultivarse y lograr metas gravitantes personales, en su entorno y en la comunidad donde actúa, por ello este ataque fue al basamento escolar y a quien lo defiende para no ser parte del 53% del analfabetismo del pueblo pakistaní, en su gran mayoría mujeres y peor aún en Afganistán, donde los talibanes cerraron todas las posibilidades de dignificar a la mujer, cuando estuvieron en el poder.
Precisamente la niña, que fue operada con éxito para extraerle uno de los proyectiles alojado en el cuello, se había animado a defender la escolarización de las chicas y a criticar a los talibanes, que consideran antiislámica la educación de mujeres en la escuela pública. La indignación mundial por el hecho fue expresada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en tanto el presidente norteamericano, Barack Obama, que consideró "repugnante” el ataque, ofreció toda la ayuda necesaria para la atención de la pequeña víctima.
Lo peor es que los actos crueles de la barbarie talibán son reivindicados por el movimiento fundamentalista. Es así que Ihsanullah Ihsan, vocero talibán justificó el atentado diciendo expresando que "estamos en contra de la educación secular. Malala sigue siendo un blanco por hacer publicidad para la educación no religiosa. Yo mismo la hubiera atacado y en el futuro va a ser atacada nuevamente”. Pero no sólo es la "obscenidad", como califican los talibanes a la educación femenina, la que los mueve a tomar estas aberrantes represalias sino también por el hecho que la mujer se haga ver. En 2010, la afgana Bibi Aisha, no sabía leer ni escribir, pero osó quitarse el velo y su rostro fue mutilado por los talibanes siendo tapa de la revista Time, todo un documento gráfico de los horrores del islamismo extremo.
