Poco después de que Brasil fuera demolido por el equipo alemán en uno de los resultados más sorprendentes de la historia del fútbol, el país entró en un estado de shock. Aún antes de que terminara el partido, cuando Alemania estaba ganando 5 a 0, algunos hinchas brasileños comenzaron a entonar cánticos contra Rousseff, y a subir fotos a Twitter en las que se veía a la presidenta subiendo las escalinatas de un helicóptero, como si estuviera huyendo del país.
Aunque en el pasado los resultados adversos en las Copas del Mundo no han afectado las elecciones en Brasil, casi todos los analistas coinciden en que este año la situación es diferente. La selección brasileña nunca sufrió una derrota tan aplastante en las etapas finales de una Copa del Mundo, y -más importante aún- nunca sufrió tal humillación jugando de local.
En medio de la depresión nacional que se vive, resurgen las voces de protesta que se escucharon antes sobre el enorme despilfarro y la corrupción gubernamental que han rodeado a la construcción de los estadios mundialistas.
Además de estar enojados con el gobierno por haber gastado u$s 11.000 millones de dólares en estadios y otras obras que en muchos casos no servirán de mucho -varias ciudades brasileñas, incluyendo la capital, han construido gigantescos estadios que permanecerán semi vacíos después de la Copa del Mundo-, en vez de mejorar la educación y los servicios de salud, los brasileños están impacientes por una economía estancada que solo crecerá alrededor del 1% este año.
Incluso antes del Mundial, una encuesta del Pew Research Center concluyó "que el ánimo nacional en Brasil es sombrío”, y que el 72% de los brasileños estaban insatisfechos con la manera en que iban las cosas en su país.
Rousseff recibió a 15 jefes de Estado -China, Rusia, Alemania, Sudáfrica y varios latinoamericanos en la final de la Copa- y para la cumbre de mañana de los BRICS: China, Rusia, Sudáfrica, India y Brasil. Esto permite a Rousseff presentarse como una líder mundial, y empezar a despegarse de la memoria del Mundial. Además dispondrá del doble de tiempo en televisión que sus rivales. El sistema electoral que concede espacio televisivo gratuito a los partidos políticos, otorga a la coalición de Rousseff 11,5 minutos de bloques de propaganda gratuita de 25 minutos diarios sobre su rival más próximo, el centrista Aécio Neves, de apenas dos minutos.
También Rousseff aumentará los subsidios del programa Bolsa Familia que reciben 15 millones de familias pobres. Y, sin ser una líder carismática, tiene el activo respaldo del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. "Si sacáramos a Lula de la ecuación, Dilma (Rousseff) ya estaría políticamente muerta”, me dijo el analista Paulo Rabello de Castro.
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